¿Quiénes nos invaden?: notas de un quinto encuentro de lecturas sensibles

El último jueves tuvimos una nueva jornada de nuestro ~club de lecturas sensibles~ en el que nos juntamos a conversar sobre la «primera vida» del libro Space Invaders de Nona Fernández.

El último jueves tuvimos una nueva jornada de nuestro ~club de lecturas sensibles~ en el que nos juntamos a conversar sobre la «primera vida» del libro Space Invaders de Nona Fernández.

Fue un espacio en el que se volvió difícil poder figurar sensaciones que tuvieran algún tipo de terminación -como si fuese posible tal y como cuando se trabaja con madera-, sino que mas bien quedamos con sensaciones confusas, imágenes recortadas de algunos dolores enmudecidos que todavía no tenían cómo volverse palabras: cuerpos formados en filas que empiezan a perderse en una protesta, esos mismos cuerpos con uniformes planchados y abotonados hasta el cuello, escenas de una sala de clases oscura y vacía en horario de reunión de apoderados/as que estaba repleta de estudiantes queriendo besarse donde se habían borrado las diferencias, un Chevy rojo que se mantenía esperando a las afueras de un colegio desde donde se miraba a dos estudiantes lanzar panfletos en forma de protesta para que todo el mundo se enterara -sin saber de qué se trataba eso que ahí estaban haciendo- e incluso la imagen de una niña acompañada por su padre -un paco uniformado- a la entrada del colegio donde ella besaba a la virgencita.

¿Quién es el presidente de Chile? nos contaba una compañera que asistió al encuentro que se preguntaba en sus salas de clase donde había que responder «Augusto Pinochet Ugarte» sin saber, en ese entonces, lo crudo y horroroso que ahora puede retratarse: se hablaba de gobierno, no de dictadura. Cuando ocurrió el atentado a Pinochet ¿qué palabras posibles pudieron haber si se «había tratado de matar al presidente de chile»? ¿Cómo miramos cuando miramos siendo niñxs? ¿Qué interpretamos cuando interpretamos siendo niñxs? ¿Qué leemos cuando leemos siendo niñxs? ¿Qué palabras pueden soportar que un presidente -fantasiosamente- no te cuide sino que sea un dictador y un asesino?

El a posteriori en sus distintas formas, tales como palabras, gestos e incluso sueños muchas veces nos permiten reconstruir algo de eso, de algo que en ese entonces sólo podían ser cordones que no tenían zapatos donde amarrarse. Donde en en un no tan lejano año 2006 no entrábamos a clases para tomar un incipiente Transantiago blanco y verde -donde el chofer se bajó para dejarnos entrar a todxs por la puerta de atrás- hacia la Gran Avenida para ir a protestar por la educación, que después entendimos que había sido parte de la revolución pingüina.

¿Por qué dejamos de usar el típico uniforme escolar hasta ese entonces tan planchado, abotonado y militarizado? ¿Cuándo dejaron de existir las «brigadas» en las escuelas? ¿En qué cosas se transmitía ese descontento de todo eso que se silenciaba? ¿Por qué no se podía hablar de una tía que podía ser «revolucionaria»?

Cuando quienes cambiábamos la letra al himno nacional1Que nuevamente se volvió obligatorio de cantar los días lunes en las escuelas de Chile, cantando a coro:

Pura chicha tomaba mi abuela
En el tarro que hacía Pichí
(tallarín con pan).

¿Qué ocurre con lo creativo de esto en un contexto normalizadamente represivo? Donde «transgredir» el orden de una fila se transforma en un quebrantamiento a un orden despiadadamente doloroso.

¿Qué alternativa nos queda cuando la institucionalidad culpa, ataca y persigue a sujetos individuales como si ellos no fueran parte del conjunto que nos sostiene?

Como siempre nos quedaron más preguntas que respuestas en un espacio que con mucho cariño nos invita a reunirnos, pensarnos y compartir sobre aquello que nos pasa con las sensibilidades que la lectura nos remueve.

Abrazos!

  • 1
    Que nuevamente se volvió obligatorio de cantar los días lunes en las escuelas de Chile ↩︎
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