El último jueves de marzo nos reunimos a conversar sobre la lectura de “Ahogar a la guagua” de Diamela Eltit en el ~ club de lecturas sensibles ~
Sin duda que fue una lectura llena de afectos. Muchas veces se volvió incómoda, triste y ambivalente, fue un texto que costó leer entre un montón de escenas que parecían atravesarnos, de sensaciones que iban calando y tomando parte de nuestro cuerpo, sensaciones que no alcanzaban palabras precisas, sólo sabíamos que algo tenía que ver con lo deprimente, lo angustiante y lo desesperanzador.
Yo sólo quería llorar, todo el tiempo quería hacer otra cosa. Me dio mucha pena en un momento, decía unx de nuestros compañerxs. Pensé en la pesadilla que es ser mamá y comprometer el cuerpo a la hora de criar. Dijo otro. En un grupo mayoritariamente compuesto por hombres, fue compartido el sentirse confrontado, o al menos tensionado, frente a cuestiones que sin duda se podían llegar a pensar mas no a sentir respecto de la maternidad, el cuidado y el cuerpo.
¿Por qué ninguna guagua tenía un nombre? ¿cómo un cuidado pesaroso podía soportar tanto horror? ¿cómo comprometemos el cuerpo cuando criamos? Si yo fuese mujer estaría loca. ¿Por qué la mujer no ahogó a la guagua?
El texto nos presenta un cuerpo sin nombre descarnadamente feminizado, y es como si la feminización del cuerpo tuviera algo que ver con poder someterlo y abusarlo. A su vez, nos deja entrever cómo se pone en juego, para este cuerpo, esta mujer, un cuidado que se vuelve insoportable, cansador y persecutorio. La autora escribe:
Levantarme del sillón para ir a tenderme en mi cama y esperar que las guaguas no se vayan a despertar, que por favorcito no me vayan a despertar esta noche en que el cansancio me desmorona. Irme a acostar después de este día agotador, dormir, para que en alguna hora indeterminada de la noche me despierte el hombre porque quiere conmigo, quiere despertarme y satisfacer en mí su insomnio.
¿Qué será que lo que pareciera ser un exceso de percepción nos despierta apuradamente la angustia? No nos queda más que seguir pensando y, cuando podamos, también conversarlo.
Son pequeños pedacitos de cuestiones que nos quedan dando vueltas, les invitamos al próximo encuentro de fines de Abril en el que hablaremos sobre el primer tomo de Sunny de Taiyo Matsumoto.
Las lecturas que aparecieron y que también les recomendamos esta vez son las siguientes: Línea nigra de Jazmina Barrera, El cuarto mundo de Diamela Eltit y El cielo de la selva de Elaine Vilar.
Abrazos!