Nadie podrá recordarte

[CUENTOS] «¿Él sabrá cuánto la amo?» Es una de las primeras preguntas que se hace el autor en este relato, donde el anhelo de un amor perdido se hace espacio con urgencia en un monólogo donde el cuerpo y su memoria se mezclan sin descanso. «¿Él sabrá cuánto la amé?» ¿Qué duele cuando duele en esa desdicha que sólo pueden aprehender mis recuerdos? No tenemos las respuestas, pero sí les ofrecemos las preguntas. ¡Les invitamos a leer este último relato de «relatos verdes» en nuestra página!

Él piensa en ella, y me dobla las rodillas saberlo, sosteniendo su mirada, retumbando en sus muslos. Su mano trepa con permiso concedido a través de su cola, curvea sus glúteos, y le produce un cosquilleo, me asquea el alma, trizaría los vidrios de todas las iglesias, a patadas, y sus hombros, con el descaro de permanecer junto a los suyos, a los míos, rompiendo, profana, húrtale también el aire, que descansa entre sus labios, así pierdo mi respirar, y caigo más hondo en la desidia o en el mar, ¿él sabrá cuánto la ame?, ¿él sabrá cuánto la amo?, pongo en duda, cuando sus piernas descansaron junto a las suyas, cuando sus más sensitivas respuestas daban paso al goce y la alegría, ¿no sentiste la ausencia de mí?, ¿o estaba presente como sombra ambigua? Cálido, del otro lado, sin sospechar tumultuosos escenarios, donde te devoraban los besos, en noches resguardadas por linternas, reposando bajo bóvedas azul marino, tú, como agua en pecera de pirañas, olvidando mi nombre y el olor que produce mi rostro, clasificando aquellos días, esas calles, como prohibidas, vetadas de tu mente, retocadas en castaños antaño, en dulce ilusión pasajera, no recordaste tampoco que jamás sería como fue, quizás sí, juntos en plazas de la mano, orgullosos al sol de ser los dos, ahora resguardada en otra piel, humectante para quién no podrá conocerla, apreciarte, es un arte mío y para vos, ¡ay!, quedo atrapado entre sus siluetas, impotente de acción, uno no se muere si es recordado, ¿cuántas veces, cuántas veces seguirás viviendo en su mente?, pero él, no sabrá como recordarte, ¿ignorará las vías de tu tórax?, aquellos suaves caminos, disidentes a lo imperfecto, compuesto por magníficos ángulos para vivir, donde dientes míos quisieron rasgar su marca, y reclamarlo propio, ahora contenido en la agonía de sentirte mía, pero no en los brazos que veo bajo mi cabeza, en aquellos que juraste mantener propios, y que amasaron tu espalda entre góndolas abismales, cubriéndote de alas para despejar el cielo, y firmeza para soportar en la tierra. Si nos pudiéramos haber entendido antes, alma mía, sin miedo, a lo inigualable, a nuestras caricias singulares, despedrando tu muslo, o resguardando tu mano la entrada de mi estomago, hoy le hace falta a cada momento, todos los instantes, de tus dedos sosteniendo mi pene, lustroso yenorme ensanguinéidades, hinchado por caricias y promesas infinitas, sosteniendo una mirada devota de amor y risas, si sólo hubiéramos sido más claros, aunque yo poco me oculte, tampoco muy bien sabíamos qué hacer, y tantas veces volví al mismo lugar, el de siempre, pasando por esa banca, o recorriendo San Diego, pero sin el viento anterior, el que nos hizo correr y brotar. Ahora él te arrastró a su mente, y yo no lo puedo evitar, tú, fuente inagotable de mis pensamientos, destructora de rutinas, abundantes labios en respuestas y confesiones, amada mía, tú, creadora de mi desesperación, de rápidos ríos explotando hacia mi pecho, protectora de mundos, Armagedona de las sombras, cábala del goce, ícono de la felicidad, aprisionada en su recuerdo, dócil ante una mente que te traza, me enferma el rostro, él, dibujándote una sonrisa, amplia y reconfortante, momentos después de soltar tu carne ilusoria, dejándose caer en la almohada, quemo más del caño, necesito fumarlo todo, no te lo pienso correr de nuevo, desgarrar el estomago, patéame el ombligo, ¿sintió tu piel ahí ausencia de mí?, tal vez, te recrimino, ¿todavía lo ignorabas?, o aceptábamos que doliera después, y el día de paga se atrasa,  olvidamos  cuanta  negra  esencia  perduraría, manchas en petróleo cuesta remover, lo presentimos, ahogados en la mentira de no ser propios, de enajenar nuestros cuerpos y olvidar servirlos sólo para los dos, frustraciones, siempre llega el momento, fruto irrefutable de entusiastas mentiras, pero el pasado me lo puedes pasar, y así llorar juntos en la cama, doblegando lo que ya fue, y olvidando que siempre sea. Envuelta en cascarones, zumbó el alarido extraño e impensado, de tu resbalar ajeno al mío, expropiada de mi ser, carente del espíritu cohesionador del amor, pero prendida en llamas, ¿qué resultamos al estar juntos?, ¿qué se quiebra al vaciarnos en otros?, y te perdiste un poco más al olvido, renegaste de nosotros otra vez, ¿arruinamos así nuestros cuerpos?, ¿evitaría esto el sentirse atado ante la eternidad?, porque juraría al cielo, aullaría en la oscuridad, un hombre le reclama a la luna, y ésta sigue huyendo del sol, libertad es amarnos juntos, y no pensar en nada más, pero él, te recuerda entre rojos nebulosos, sumergido en las palabras que le susurras por la piel, ¿lo puedo permitir?, el destino ya hizo que pasara, asumir cuesta siempre, porque recuerdo las veces que le falte a tus piernas, que no besé entre deslizamientos de tus hombros a los pies, ni subí con calma la pendiente cuellooreja, o pechosboca, me encontraba ahí, pero sin mí, porque no estabas tú, ¿por qué no estabas tú?, no podría recordar dulces aromas, significativos en único, ni bañarme a ojos cerrados, conectando eléctricos encontrones con lo divino, sagrado manto que es tu cuerpo al sentirte sobre mí, exhalando llamas que forman pétreas estatuas de placer, sobre mis pechos tus manos, y me pregunto si es que él te podrá recordar así, como te vivo, como te siento, gritas encima mío, sólo una tenue lámpara cubre tu vívida piel, agarro tus muslos, estrujar con mis manos, los muevo por la cadera, avanzo y encuentro la bella forma curveada, para mí, delicadamente hacia adentro resbalo sobre ella, y volteo mis dedos abiertos sobre tu espalda, arriba, subiendo hasta tus hombros es camino largo, y ahí me engancho, no los soltaré, como palanca empujo hacia abajo, carneo tus glúteos contra mis piernas, las machacas al saltar, violéntame, la intensidad es mirarte para arriba, doblando tu rostro desde la boca, huyen gordos sonidos constantes, de sensitivo grosor, de sabrosa acústica, obsérvame, y de pronto te atraparé entre mis ojos , al deslumbrar de ellos cientodos sensaciones, que nunca podríamos generar, sí, sólo tú, yo soy tuyo y nada más, continúas saltando, sigo viendo tus pechos bailar, oleando coquetos a través de tu cuerpo, tiernamente retorcida, tu ser compacta al mío, estiras el dorso en mí, y dedos atraviesan la vastedad de tu cola, necesito golpearlas sonoramente, acto cumplido, vuelvo a acariciarlas, contento mi rostro oliendo tus orejas, olfateo al rozarlas, “te amo”, me abrazas con desesperación, y sí, eres mía y sabemos lo que digo, “yo también”, te presentas para mí como un ente bajado del cielo, que entre nubes hizo su caminar, descendiste, me llevaste hasta otro sitio, besaste nuevamente mis labios y moriste con uno dellos, sentirte, es perfección diaria y para mí, a movimientos mantenemos la entrepierna, al empujar siento tu piel detener la mía, escuchar gritar tus labios es tan perfecto como besarlos, y sentí que te besé profundamente, ahogándote en quejidos claros, cristalizando el desborde que atravieso al apretarte, la piel bajo el ombligo, estalla, y se devoran a noventa grados, “eres mío, amor”, tu pelo cubre mi cara, tu rostro mira hacia el colchón, mis manos aprietan tus glúteos, “solo de ti” respondí, y los hunden más aún contra mí, encajando perfectamente nuestros sexos, estrepitosamente lanzas gemidos, mi pene, se pensó a molde para tu vagina, y en ella dejo caer la desesperación que siento al abrazarte, al saber que mientras nos lo hacemos pensamos en los dos, nosotros, en cuanto amor, “siempre, siempre lo he sido, sin importar qué ocurrió para llegar a tus brazos”, agregué casi sin aire, lo rico que está, y sabemos que no existe ni existió posibilidad de encontrar esto en otro lugar, con nadie más, seguro de la pertenencia de tu cuello vuelvo a besarlo, enraízo mi alma a tus piernas, dedico mis deseos hasta tu pecho, devoción, es algo que siento cuando estas sobre mí, y golpeas tus puños contra mi cuerpo, uñas surcan hasta mi estómago, el golpe de la pelvis es sordo y poderoso, “deseo amarte cada día, y hacerlo incluso cuando no podamos”, te apuñalo en impensadas sensaciones mientras te escucho, superando magníficos sueños, “¡te amo, weon, te amo!”, y concretando lo irreal te aprieto más fuerte, ondas rebotan dentro de ti, de la punta hasta adentro, predispongo colores que bordean en brillositas pulsaciones el tacto de penetrarte, de hacernos el amor, cuando tu lengua explota al aire, “dale, dale”, plácida, yo presiento su emerger, se te siente más apretada, pero se desliza tibia y chorreante, golpeo sin piedad tus paredes, hasta adentro de tu ombligo, ensancho más el final, o el comienzo, y tus piernas inquietas, rebotan entre sábanas desparramadas, sigues gimiendo, con tus dedos aplastando mi pecho, posando tu cola sobre mis muslos, y saltas más fuerte gritando exasperada, te siento más mía, me vuelvo más tuyo, mucho más de lo impensado y reflexiono, ni un décimo así me sentí antes, ni una mínima fracción de esto imaginó tu cuerpo. Acabar es una curiosa palabra para un orgasmo, más cuando es de a dos, y te amo, me inundo entre arenas, golpes subyacentes a las venas, placidez, corriendo por mi sangre un sin cesar de delicias, gigantescas para encerrarlas sólo con tinta, que rico es sentirte mía, que frágiles somos ahora, volviendo, alivianado el cuerpo, dejando los sentimientos reposar, es siempre perfecto, es mutua siempre la emoción, lo sé, imposible que él te recuerde suya, porque solo de a dos estas formada vos, impensado que estés sobre su mente, tal como eres tú, porque libre estás en mi corazón, en donde descansas fielmente, y si mi pene es hecho para ti, y si mis hombros se acoplan a los tuyos, yo no puedo recordar qué pasó antes de desvestirte, y encontrarme finalmente conmigo, los dos, en infinita serenidad, totalmente nuestros, renegando que no existimos alguna vez, te regalo mi pasado, yo acepto el de ti, siniestro es pensar en tu ausencia, malvado sería no tenerte aquí, pero estás, amándome, delicada todavía sobre mi pecho, no queriéndome soltar nunca, ni lo harás, guardarás eternamente tus caricias, en mi piel besada por tu alma, la ausencia de los dos, ¿esos días ocurrieron?, aquella es prehistoria, yo no sé si pasó, nadie podrá recordarte, a nadie podré recordar.

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