Mis dedos cremarán tu fémur

No son flácidas, ni gordas, tampoco de carne y hueso. Tus piernas como esos recorridos de viajes que uno no desean que acaben, como esas sábanas limpias después de ducharse, constituidas en nieve blanca que irradia tibieza para toda mi mano, ¿serán como esas vacaciones que piensas en hoteles caros?, de cortinas largas y fucsias, de jabones individuales y toallas rechonchas, que terminarás robando, así son esas ambas que tienes bajo tu vientre, y sí no sabías que eran así, quizá reconozcas aquellos pisos acolchados en los psiquiátricos, blancos, espumosos, extensos, podrías rebotar sobre ellos toda una vida de demencia, y yo, me conformo con saber que aún no me diagnostican, y que, aún así puedo tocar esa suavidad, entre mi mano, al deslizarla por tus piernas, aunque tal vez me lleven a la locura, pero ¿quién es feliz y cuerdo?
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