Eres como este porrito
Quiero sentir toda tú contra mí, calientita, desnuda, que estés tibia y me acaricies, sin decírmelo, que me beses, después, me mires con los ojitos, achinados, espesos en señales, rompe todo y quiebra el tiempo, transpórtame donde no sea yo, abstráeme en tus brazos, hasta el recóndito ser, sobre un puente de piedra, uniendo dos montañas, y abajo, un acantilado, dulce abismo, eco de tu voz, ¿pasará el Raco por acá?, quizás, me enamore de sensación eléctrica, estática, magnética, polar y meridiana, que atraviesa tu tacto, cuando se encuentra con el mío, solos, sin congoja, estirados sobre aquel mueble llamado cama, bajo frazadas y sobre un colchón, nuestras extremidades, entrelazadas como tenedores en batalla, sin tregua y punzantes, deslizante en metal, quiero drogarme contigo una, y otra, y siempre, ¿para qué existe la ganha?, pa fumarla con vo, para mirar nubes atravesar lunas llenas, pa bajonear papas fritas y regalonearnos en cada rincón nanaiable de nuestros cuerpos.
Recostados los dos, suenan bajos, penetrando el agua que nos reside, voces, alzando el fuego que tenemos, y de esa música aviadora, melosa de azúcar, carente de tiempo, renacerá un trayecto, curvo e indirecto, por donde mis pies, recorren los tuyos, friccionaremos calcetines, calentemos sueños, pretendo quemarte, antes enrolarte y no correrlo a nadie más, solo y desnudo, con fuego te llevaré a mis pulmones, con mis dedos te tomo a mis labios, besándote, y así, entrarás en mí, como droga a la mente, o milagro al leproso, y te sigo pitando, por la boquilla, aspiro y aspiro, pareciera no quedar aire entre los dos, pero sigue tirando, y siempre con los dedos te sostengo, retenida, para mí, la crisis es inherente al capital, mi piel es inherente a la tuya, y si te doblas, y cruzas la pierna por sobre la mía, te estaría agradecido, palparía sobre el muslo, bajaría las caderas y subiría hasta tu cola, hecha de presión, compactada y abundante, única, son como panqueques, suaves y rebotables, yo quiero ser el manjar, haría cualquier fila, en cualquier banco, solo para calcarlas un momento, recuerdo apretar la mano contra arena en ácido, un día de verano, esto es mucho mejor, y pienso archivarlo, en sección cosas que valen la pena, lo leeré a diario y te poseeré, por si es que algún día te escapas, y mantengo la combustión, el papel que te envuelve necesita bombero, lamo en saliva tu contorno, mi lengua registra, atravieso, con dientes rasco tu pancita, y con los labios marco un chupón, quedo aún más loco, fumo de ti, trancado, volado, ¿cómo sería, si fueras de hachís?, pero eres un porro, un bello y glorioso porrazo, porque así se aprende en esta vida, y de ti más que nadie, me tocó aprender.
Ahora te leo completa, porque yo mismo ayude a escribirte, y sobre algunos borrones de Liquid Paper, trazaré lo que queda por completar.
Beberé tus latidos, dignificaré tu carne, ahorraré en cumplidos mil millones, solo diré que existe un mundo nuevo en cada beso, ¿nunca saltaste un charco, solo para destruir el universo que habita en él?, y en los cosmos coloridos, desarrollados entre nuestros labios, de cada uno, esas dimensiones diminutas para nuestras sensaciones, abstractos, para nuestro tiempo, quedarán fechas históricas registradas, que sus habitantes recordarán, y anotarán cada fecha que nos besamos, cada instante que nos mordimos la piel, alzarán sus banderas conmemorando, rezarán para que vuelva a pasar, ocurrirá siempre, pero tal vez te queme en bong, y revientes mis ojos todo de una, rojo pasión, y rojo locura, sacrifiquemos más mundos, oblígame a besarte, coquetéame con tus hombros, recuéstate sobre mí, pondría marihuana en tu ombligo, y te imaginas por dónde tiraría, te abrazo, te miro, eso es lo que más extraño, estrujas dedos contra espalda, tus besos siempre sabrán Fox, a Pallmall trucho, a bajón frito, un amarillo verano, un naranja tarde, a prensado del Castillo, o de la Pedro, o a una caminata por el centro, bastardeando policías. Y si yo fuera una planta de indoor, tú, serías el agua, el gotero, la lámpara y la electricidad, no hubiera acogollado jamás, sin sentirte resbalar, sin tenerte al desnudo, convocando tu pulso, reclamando tus latidos, siempre a la derecha al acostarnos, pero caminando por mi izquierda, hombro a hombro, así, se mira al horizonte, y deslumbre albas en lo que antes atardeció, ahora te pienso, toda en mis brazos, sin máscaras ni ropas, ambos tranquilos, tu cara entrega sonrisas, mis manos no deciden donde quedarse, te mordería entera con cada dedo, los deslizo a través de tu cadera, acaricio bajo tu ombligo, llego a ese valle carnoso, de culto a la piel, tus muslos son, arcos de tu cuerpo, arquitectura en músculos perfectos, los romanos te copiaron, los acueductos le pertenecen a tus piernas, y como bombas de Napalm, estallan en mi mano, incendian las sábanas, ahora estamos dentro de un volcán, palpitante, tus labios reposan en los míos, yo los siento hablar, y cuentan historias varias, de cómo es sacramental dormir abrazados, de lo necesario de cucharear, o abrazarse tiempo infinito, después de coger, “te amo”, “¿más que la conchetumadre?”, “ma que la conchetumare”.
Te veo, sobre una camilla, aunque estés sobre mí en la cama, luces estirada, sin colores, ojos cerrados, y de tu vientre surgen dos ventanas, abiertas, avanza desde mi ser un río verde, de hojas y hierbas, que adentran a tu carne por aquellas puertecillas, déjame curar, todo lo que existió en ti, embalsamar mis recuerdos, botar el resto, sanar alma pa brindar tonos distintos, los dos elijámoslos, y en tus pechos discutiremos para decidir el futuro, no queremos más imposiciones, la vida es estar así, recostados y desnudos, quemando mientras baboseamos robar un banco, buscándole caras al techo, ver como luchan las gatas, los abrazos sentimentales, duran más de diez segundos, los nuestros horas, pensamientos, llamadas y domingos enteros, mantienen mi carne untada en la tuya, irradiando valor al presente, calor hasta mis huesos, sol de invierno, de verano, otoño y primavera, sí, eres como este porro, que tengo en mi mano, me haces volar, devorar hasta tener vacío entre los rostros, relajar al mundo, verlo con claridad, revivirte una vez más, pero la muerte es distinta, elije otros rumbos, es no estar así, es no escuchar el quejido que sueltas al sonar la alarma, es no verte jamás de ojos cerrados, con shampoo en el pelo, es no acariciar el aire caliente que sueltas por tu nariz, tampoco tus labios siendo mordidos, cuando hacemos el amor, pero eres como este porrito, y en él descansa la ilusión del tiempo y lo trasciende, rompiendo el universo hasta llegar a ti, juntarnos de nuevo, volverte a tocar, reírnos del mundo una vez más, ¿por qué te fuiste?, ¿donde estás estaré yo?, porque al menos tú estás acá, cuando te quemo entre mis dedos. Me alejé despacio de su tumba al terminar de fumar, el pasto estaba verde y la colina tranquila. Cada seis pasos miraba para atrás, pero seguías ahí. No volví más al cementerio. Juré que cada curva de un caño, me llevaría a sus piernas, cada quemada, igualaría a un beso, y todo el THC bastaría para llenar, mi desecho corazón.