Me gusta jugaa con mi hermano en la plaza, mi hermano me enseñó a andaa en bicicleta, mi hermano una vez asustó a unos niños que me molestaban poque todavía tenía las rueditas y me cantaban siempe siempe una canción pa molestame y poeso me enseñó a andaa poque estaba de cumpleaños y ya tengo cuatro entonces no podía no andaa en bicicleta solo poque por eso mi hermano me enseñó. Cuando estaba en la plaza mi hermano me mira de una banca poque así paece que estoy solo y cuando lo veía a vee si taba, a vece lo veía fumando y a mí me daba miedos; mi mamá no le gusta que mi hermano fume, poque dice que es un maihuaneo culio y le pega así fuueeete con esas cosas pa afimase la guata y me puse a lloar paque no le peguen má po, y me pegaron paque me callara; la otra vez cuando rezábamos antes de dormir me decía ella que Diosito y que tenía que ayudalo paque se fuea la iglesia y entonce el curita y la vigen y no sé qué cosa con un pájaro ayudarlo poque está muy mal así; yo no queo quel pecado mate a mi hermano, él es el único bueno compa cosas, me ayuda las tareas, pintamos, vamo al cine, y también me abraza mucho y me dice que me ama y yo también le digo que lo amo y pregunto qué e amar, y dice que e cuando uno está mucho con una pesona y desea esta siempe entonce yo le dije que siempre quería que me ama poque siempre quiero esta con mi hermano.
“Oie, hermano, ¿poque fumas igual si la mamá te pega y te grita y no quere?”, entonce, paramo de camina y se arrodilló así enfrente: “Una de las pocas cosas que posee el hombre es su libertad de elección. Sin ella, se pierde la dignidad. Yo no voy a dejar de fumar porque a ella no le guste. Siempre debes ser capaz tú mismo de decidir qué cosas deseas hacer y ser, sin importar que consecuencias esto traiga; y no le creas esas cosas que dice siempre; yo no soy lo terrible que escuchas en las discusiones, ni tampoco mamá el ogro que le nace; sencillamente nacieron en otros tiempos y no entienden ni nunca entenderán ciertas cosas, como por ejemplo, el respeto…”, “Pero hermano ¿po qué dice que e mala y la iglesia y Diosito, poque no quiere que fumes Dio?”, “Mira, Dios creó al mundo en seis días y al séptimo, el domingo, descansó. En ese momento estaba tan estresado por la ardua tarea que le tomó a Dios, el Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, ¡SEIS! días realizarlo; imagínate la mansa peguita para un ser omnipresente atemporal mágico y dueño del destino con cada átomo que nos rodea; sólo necesitaba una cosa: descansar; y en ese momento primero de ocio en la tierra y el cosmos, comenzó a filosofar, a pensar…
¡Por primera vez tuvo tiempo para eso! Inmediatamente vio su inmenso poder sobre la humanidad recién creada, apretó su cabeza con las manos y se volvió etéreo; pues si estos seres supieran de su deidad, por bien de ellos mismos deberían matarlo si aspiraban a la igualdad y libertad. Se cuestionó la existencia, se arrepintió de ser aquella figura todopoderosa, magnificente y perfecto, pero no podía dar marcha atrás y en compensación le dio al hombre la capacidad de tomar las riendas de sus pies. Comenzó de esta manera a imaginar y crear un par de cosas que le faltaban a lo terrenal para entrelazarse con lo divino, y así sembró marihuana; a nuestra poderosa tierra de América dio el mejor regalo: la sativa. De esta manera, sentado en su celestial nube esponjosa de trono, aquel séptimo día, Dios, por primera vez en todo el universo aquel domingo, con un aurea panorámica de toda la creación, se fumó un largo caño hasta el final, pensando que ya no quedaba nada por crear; mas sintió su alma elevarse al contacto con el humo y, estirado sobre aquella suavidad, creó al amor. El regalo final para la humanidad estaba completado y, deseándoles bendiciones, se fusionó en cada molécula que rodeen las risas; en cada zona en que abunde el amor, y la libertad, extraña paloma vigilada por su mano, se deslizará por siempre hacia los confines de cada hombre para determinar propiamente cada paso dado por cada pie caminante, haciendo posibles los deseos que pudiera anhelar. El hombre, bendito en su inocencia y codicia, transformó el nombre de Dios en un método de ser superior, en una forma de controlar, de dominarte, posicionándose un poquito más arriba; y tú, mucho más abajo, creyendo que te hacen elegir qué es lo qué quieres, qué es lo que deseas, configurando realidades distópicas, adormeciendo la conciencia humana y arrebatando todos los preciados regalos que fueron otorgados por la creación. Gentes muy malas, muy malas, terribles, que controlan cada decisión de todos los pueblos, personas que someten poblaciones mundiales enteras a su discurso, se aprovechan de la figura ésta. Así pensaron, ya habiendo una autoridad divina en el cielo: ¿por qué ellos no habrían de serlo en la tierra? Y desean replicar eso en el planeta: ser amos, controlar para ellos mismos. Les convenía hablar pestes de todo lo justo, de la belleza, de la fraternidad; para imponer su pensamiento ellos debían torcer aquellos presentes que nos entregó el universo creador en su arrepentimiento existencial por habernos metido en este lío, y los prohibieron. Junto con muchas otras cosas, la sentenciaron a la ilegalidad; por cultivar la tierra puedes caer un tiempo en cárcel y asesinarán al ser que fuiste. ¿Y por qué? Por oponerte a perder, por negarte a obedecer a aquellos que no debes siquiera mirar sin asco. Si amas, si eres tu mismo, si te sientes libre, estás mal, estás en contra de ellos; no eres de su propiedad, ser peligroso, y de alguna manera te perseguirán. Así fue, siempre, desde que el hombre confeccionó la primera daga y con un lazo al cuello arrastró a la sociedad. Creó primero en cera máscaras de mentiras y mitos, talló en madera a quién alabar y fue moldeado y sacado su cerebro a machacazos. ¿Y su espíritu incandescente de individualidad? Abrumado por la mentira de no ser propio, empujándolos a una cajita llamada modales, costumbres, verdades; ideas ya concretas sobre el todo. Encadenados al peso de la historia, a los consecutivos fallos del hombre en su denuncia de justicia, nunca nadie le dijo a la siguiente generación la verdad. De Ten-Ten al viejo del saco nos educan creyéndonos imbéciles y esos viles seres que quieren dominarlo todo, ellos, envuelven en mentiras que la gente suele creer ciertas y ni saben por qué, como pasa con la mamá, como sucede la gran mayoría de las veces. Pero tú no eres así, no te mereces esto, tú no. Ya tendrás la edad suficiente para saber de todo lo que hablo y lo harás, vaya que sí, no te preocupes. Bueno, es por eso, hermanito, que no tienes que creerle esas cosas a la mamá, ¿oka?, porque ni ella lo cree realmente, simplemente repite lo que escuchó. Y no te hagas drama, yo estoy bien con Dios, él es el que no está bien conmigo; pero ya nos estamos arreglando y, con la mamá, ya todo va a pasar. Pronto entenderás todo, hermanito mío, por ti mismo, de cómo funcionan las cosas, y de cómo debiesen funcionar”, entonce me dio un beso mi hermano y me tomó la mano y fuimos a compar helado y me compó un quemino poque me gusta mucho y quee pensando lo que me decía poque nunca dice mentia mi hermano. Yo siempe le creo a él.
Temprano por la mañana, dos policías se encontraban en la puerta del hogar de los hermanos. El niño veía acostado los monitos cuando sintió el llanto de su madre y arremetió rápido contra la puerta. Vio a dos carabineros de espaldas saliendo desde el jardín y a la mamá hincada, sollozando, con las manos cubriendo su rostro. Lo entendió de inmediato. El pequeño corre veloz y los alcanza, ata una mano a la bota negra policiaca y con la otra limpia sus lágrimas: “Devuélvanlo, ¡devuélvanlo!, ¡DEVUÉLVANLO!, él no ha hecho nada malo, nada malo, mi hermano no, nada malo, es bueno, es bueno, es bueno…”. Ojos al brazo, su voz suprimía el tiempo alrededor, resquebrajando atmósferas en su contorno; y aquel resonar de sus puros sentimientos dio malestar al pecho frío de los uniformados. Uno de ellos, molesto, da una patada al aire con el pie que tiene enganchado y ruge: “¡Sal de acá!, niño. Tu hermano fue pillado fumando marihuana en una plaza pública, con cinco papelillos encima. Será procesado el lunes con el par de cumas que estaba. Y ahí veremos si es tan ‘bueno’ como dices” y rieron, ambos, desde el estómago; los dos carabineros dieron carcajadas fuertes y roncas. Dios también se reía desde una nube. Se subieron al auto y miraron por el espejo retrovisor; deleitándose por aquel momento prendieron un cigarrillo y desearon atesorar entre sus recuerdos a aquel niño tirado en la cuneta, sufriendo horriblemente, rompiendo en llantos y atormentado. Pero, en el instante siguiente, el pequeño dejó de llorar y, mirando hacia el suelo, pensó profundamente: “Creo que ya estoy comenzando a entender, hermano mío.”