La historia del deporte recuerda con emoción el año 1890, cuando Brigidolfo «El Macanudo» González, primer boxeador por correspondencia del país, desafió a John «Yespikinglish» Jones a un combate por la corona mundial.
«El Macanudo» tomó la iniciativa, enviando una carta en caligrafía Palmer, que incluía dos trepidantes jabs y un directo al rostro.
El oponente esquivó el ataque cambiando su dirección de destinatario, y respondió sin dudar con una misiva escrita con la zurda, que contenía dos ganchos a la zona baja y un golpe lateral a la cabeza que hizo tambalear al representante nacional.
Pero, Brigidolfo no se amilanó. Aturdido aún por la carta anterior, envió dos cuartillas de uppercuts con los que buscaban retomar el control del combate. Lamentablemente, el mensaje no llevaba sellos suficientes y fue devuelto al remitente sin causar el daño esperado.
«Yespikinglish», aprovechó la oportunidad y, decidido a acabar el combate, arremetió con una carta repleta de golpes laterales de izquierda y derecha, que arrinconaron a «El Macanudo» contra las cuerdas. Los empleados de la oficina postal saltaron de sus asientos para animar a su representante, quien intentó evitar un trágico final dirigiendo una débil postal con un clinch para inmovilizar al oponente.
Sin embargo, la postal se perdió por negligencia de un empleado del correo y Brigidolfo «El Macanudo» González no pudo evitar el telegrama de su rival, que contenía un potente directo al mentón que lo llevó a la lona y le robó el sueño de ser campeón mundial de boxeo por correspondencia.
RESEÑA DEL AUTOR: Pamplinus Vagabunderberg
Es el escritor con más intentos de crear su más reciente éxito literario. Nació en San Saleperro del Norte en E=mc². Doctor en chismología termonuclear, Magíster en epistemología del ronquido de la Recorcholis Metropolitan College y Premio Nobel de Origami. Coleccionista de mentiras, freidor de monos, submarinista de banalidades, domador de bigotes, sobreviviente de subsidios estatales de cultura, escritor autosustentable y correptor hortográfico.
A temprana edad decidió dejar de envidiar las obras de los escritores de su época y se internó en las lejanas montañas para apartarse de la sociedad que obstaculizaba su labor creativa, con el firme propósito de envidiar las obras de los escritores de todas las épocas y ser su propio obstáculo creativo.
Sus humoricidios pseudoliterarios han sido publicadas en importantes revistas electrónicas como «El churrasco bohemio», “Alcornoque literario” y «La bicicleta despeinada». No confía en una empanada que no chorree aceite ni en los números impares que al sumarlos den uno par.