Sobre lo común. Cuando el semejante se vuelve una amenaza

[OPINIÓN] A propósito sobre cómo el miedo y la desinformación abre, a pasos agigantados, un camino para el avance de la ultraderecha, esta columna invita a pensar más allá de las responsabilidades individuales que hace que nos terminemos culpando entre nosotrxs mismxs, para poder darle lugar a la idea de que lo común se ha visto profundamente debilitado.

Después de los resultados de las elecciones de primera vuelta no he dejado de pensar en lo fácil y errado que sería culpar/apuntar únicamente a las personas (o simplemente rotearlas) por cómo la ultraderecha ha ido avanzando y haciéndose abrasivamente un lugar cada vez más votados en las papeletas (y en el congreso). En las presidenciales pasadas del 2021 quizás a mucha gente nos causó temor/miedo/horror que Kast haya llegado a segunda vuelta, pero parece que hay algo del panorama actual que -ante las mismas sensaciones- permite su ascenso a pasos atemorizantes.

El hijo de un miembro del partido nazi aleman -que también colaboró con los perseguidores y asesinos de la dictadura- y candidato conservador de ultraderecha representa sin dudas una amenaza para el cuerpo social, puesto que si consideramos sólo algunas propuestas a las que él y su partido se han opuesto, como el aumento del sueldo mínimo, la disminución de la jornada laboral (hace poco se viralizó un video donde su vocero decía que la gente sólo se llegaba a encerrar a su casa), la ley zamudio, la ley cholito e incluso, parlamentarios d esu partido votaron en contra de prohibir el matrimonio adolescente (que vuelve nulo que adolescentes y adultxs “contraigan” matrimonio), creo que es bastante evidente el detrimento y peligro que corre lo social. ¿acaso las mujeres no están también en peligro? ¿las minorías? ¿los inmigrantes? (a lxs mismxs que el otro día en Franklin les decía que se fueran y después volvieran a entrar de forma “regulada”). Sin embargo, con lo acotado de estas pequeñas cosas que alcancé a nombrar ¿cómo es que aún así puede volverse una alternativa política? ¿Ante esa paradoja en que mucha gente está votando por ideas y escenarios que justamente van en contra de sí mismas?

Me imagino que son muchas las cuestiones que se ponen en juego para que el escenario en el que ahora estamos sea este. Para quienes claman, necesitan y buscan desmantelar el estado porque éste “priva mi libertad individual” -en una especie de fantasía de control total sobre la ciudadanía-, la tratan como si esta no tuviera límites, como si justamente los límites fueran el enemigo porque es algo que me restringe y no algo que, en algún punto, puede ser una forma de cuidar/ y/o delimitar ciertas prácticas en un territorio.

Es así que no puedo dejar de pensar en cómo la derecha con toda su concentración de recursos -riquezas, medios de comunicación que promocionan la sensación de peligro, difusión de noticias falsas en redes sociales, bots e incluso la difamación ideológica de que estamos en un país que se cae a pedazos) producen un discurso que a mucha gente poco a poco pareciera ir volviéndose convincente, donde la seguridad y la libertad siempre son lo primero: el argumento del vocero de Kast que se viralizó hace unos días alegaba que las personas se llegaban a encerrar a sus casas porque afuera es muy inseguro ¿no será mejor quedarse a vivir en el trabajo y no dejar nunca de trabajar? Me imagino que así quienes se dicen profamilia permiten que los pobres pasen menos tiempo con sus familias y en el camino les empezamos a culpar de porqué no pasan tiempo con ella, puede ser muy reduccionista lo que estoy diciendo, pero el chiste se cuenta solo. Es una forma de violencia silenciosa y naturalizada al mismo estilo de ir a socializar a las 5 de la mañana a los consultorios ¿se acuerdan de eso?.

La derecha ha logrado instaurar y que vayamos interiorizado un discurso donde el semejante se ha convertido en nuestro enemigo, porque para que “¡viva la libertad, carajo!” tiene que haber un otro que te quiera joder y que no es sólo el estado. Cuando nuestrxs hijxs hacen un berrinche ¿qué es más común que nos digan? que quieren manipularnos en su acepción más malintencionada –de querer sacar un provecho de esa acción o interferir en la conducta común de cualquier acto-. Este tipo de discursos evita que aparezca cualquier posibilidad o dificultad relacionada al acompañar y/o sostener, de a dos, lo que no puede manejarse individualmente. O, sobre esto, también pensaba en lo preocupante que ha sido el aumento de suicidios en el metro de Santiago donde usualmente la queja que al menos yo he escuchado siempre es de una profunda molestia porque entorpece, tropieza o retrasa el viaje a quienes van camino al trabajo/estudio/etc. o están regresando a encerrarse a su casa, donde quien tristemente se suicida se transforma en un problema de transporte y se vuelve profundamente difícil pensarlo como un problema de salud mental: poniendo en el tapete la importancia de los cuidados y las redes de apoyo.

Quizás sea importante intentar pensar en cómo derribar esa idealización donde muchas veces se puede llegar a asumir que ser de clase trabajadora implica, necesariamente, ser alguien de izquierda -ya lo vimos cuando ganó el rechazo y también podemos ver cómo Kast arrasó en las cárceles-, que muchas veces termina, como cualquier idealización, pegándose un porrazo desde muy alto y, al mismo tiempo y muchas veces apuntándonos entre nosotrxs culpándonos por el cómo y el por qué elegimos -se vuelve difícil librarnos de la idea de que el semejante también es un enemigo o un imbécil ¿o no?-.

La derecha ideológica lo que hace es atacar y odiar al pensamiento, como si la capacidad de pensar fuese algo inútil y peligroso – la moción para reducir las horas de historia y filosofía en los colegios me imagino que va de la mano-. Que el avance de propuestas que puedan cuidarnos -sin ideologizar al estado, por supuesto- se convierta al mismo tiempo en una fuente de peligro creo que es algo de lo que hay que preocuparse ¿acaso no fue ayer que el Consejo Nacional de Televisión se negó a exhibir una campaña en contra de la violencia de las mujeres por estar en periodo de elecciones? ¿acaso también condenar la violencia es un asunto de color político? 

Las luchas por lo común son cuestiones que también han sido víctimas de esto y que sigue teniendo efectos sobre nosotros: el sentido común ha sido reducido a una caricatura ridiculizada de unx pequeño grupo de pibes progres resentidos que no han sabido aprovechar las oportunidades que este sistema les ofrece, casi como si se tratase algo de una minoría de edad, donde el trato y el cuidado por el otro se politiza y pierde su cualidad de algo inherente.

Que el miedo y la desesperanza no nos haga olvidarnos de nosotrxs.

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