¿Realmente es posible encontrar un lenguaje para expresar con total precisión el terror, el deseo, el duelo, la muerte, el amor o la angustia? ¿Es correcto decir que con cuestionarios e instrumentos validados en psicología podemos medir con exactitud los afectos o fenómenos psicosociales complejos? Allí, los avances, las orientaciones y los patrones que proveen los avances basados en evidencia científica y en metodologías propias de la tradición analítica son de suma importancia para la toma de decisiones y la construcción de conocimiento en las disciplinas ligadas a lo psi; no obstante, al extremar la compresión de esos aportes hasta llegar a un dogma cuasi religioso de que todo resultado basado en un método positivo es real, podemos caer en una contradicción; a saber, se edificaría una paradoja del dogma positivista, puesto que sus mediciones exactas no son más que aproximaciones de lo observado y en ningún caso un fiel reflejo de lo real.
En dicho contexto, resulta relevante analizar el texto “La psicología de 1850 a 1950” de Michel Foucault, donde propone un análisis histórico y crítico de la psicología, que va desde las implicancias que tuvo la Ilustración y el proyecto de la modernidad -condición de posibilidad para el surgimiento de la psicología como disciplina que se encarga de la subjetividad- hasta las tensiones epistemológicas presentes entre los discursos hegemónicos construidos desde los determinismos de la vertiente positiva y conductual, y la compresión estudiada desde el conflicto y la inexactitud avalada por el psicoanálisis.
Lo primero, es tener claridad de que cuando Foucault escribe “Aufklärung” se refiere a la Ilustración. Entonces, lo que él propone tiene que ver con que desde la hegemonía de la razón por sobre cualquier otro saber del dogma religioso o espiritual (que dominaba a la humanidad durante toda la Edad Media, antes de la modernidad), en el siglo XIX se instituye un saber positivo (real, científico y observable) para el estudio de la psicología humana; a saber, a través de observaciones claras, mediciones cuantitativas, verificaciones e hipótesis que podían ser “comprobadas”, como si la conducta humana fuese siempre exacta, describible y medible; por lo tanto, la psicología independiente y profesional, cuyo origen se halla en el conductismo (Danziger, 1994), se amparó en los mismos métodos de las ciencias naturales para producir discursos de verdad, utilizando el mismo estilo de objetividad y sus esquemas de análisis en sus métodos (Foucault, 1957). Claro ejemplo es el condicionamiento operante de Skinner (1977) que estudia a sujetos inteligentes y activos que se adaptan al ambiente repitiendo una conducta esperada –eso sin mencionar el pilar físico-químico propio del condicionamiento clásico de Watson; o un modelo evolucionista patente en la Pirámide de Maslow o en la teoría del apego, del desarrollo psicosexual o del desarrollo cognitivo, propuestas por Jonh Bolwby y Mary Ainsworth, Sigmund Freud y Jean Piaget, respectivamente-.
Sin embargo, hasta la mitad del siglo XX, la psicología sólo encontraría contradicciones con ésta postura objetiva, medible y exacta para estudiar el comportamiento de la humanidad. La idea que plantea Foucault es que la psicología encontró muchas complicaciones al querer llevar su estudio a un saber exacto, como si de matemáticas o ciencias naturales se tratara. Por ello, la misma psicología buscaría un nuevo modelo para satisfacer y/o solucionar ésta crisis del estudio natural o positivo (casi exacto) que se venía proponiendo con resultados insuficientes o contradictorios.
Es importante tener presente que Foucault refiere que en ese intento también hubo psicólogos que continuaron usando métodos de las ciencias naturales para estudiar la conducta humana (piensen en el estudio de patrones o de asignar valores a una “forma de ser” en un test) y otros que continuaron por una senda únicamente descriptiva y antigua (imaginen el describir cómo es la personalidad X, Y o Z de las personas). El punto es que éste cambio radical que busca la psicología no es algo que tenga una solución, sino que continúa en proceso hasta hoy.
Por último, Foucault hace hincapié en que en el último siglo la psicología tiene su punto de estudio y de fundamento racional en la práctica (el hacer y aplicar) de disciplinas basadas en saberes psicológicos (educación, salud mental y/o trabajo). En esos lugares, al igual que las ciencias naturales o exactas, encuentra el estudio de las dificultades prácticas; pero, la psicología propiamente tal, surge de las contradicciones que se encuentran en la práctica de la humanidad. Algunos ejemplos posibles podrían ser: el estudio de por qué se detiene o ralentiza el desarrollo humano, la inteligencia, la inadaptación, la violencia, la intolerancia, las fallas de memoria, conciencia, los sentimientos y un gran etcétera.
En conclusión, más allá del esfuerzo desde la Ilustración y durante el siglo XIX de hacer de la psicología una ciencia natural y cuasi exacta del comportamiento humano, se debe aportar hacia una psicología del estudio de las contradicciones, de los sinsentidos, de lo inconsciente. Reconocer ese espíritu inexacto de la existencia humana debiese ser el principal objetivo de la psicología. Si la psicología ha llegado a ser un fundamento científico para saberes positivos acerca de cómo son las cosas es porque nació desde el no saber cómo son las cosas, por así decirlo.
La riqueza de éste texto yace en su recorrido histórico-crítico de la psicología que toma distancia de una historia tradicional o recurrente (Kaulino, 2015; Rose, 2019), desde sus planteamientos y exigencias más positivistas; esto es, lo concreto, exacto, real, científico y medible; hacia el reconocer que era necesario un cambio radical en su esfuerzo desde y hacia las contradicciones que presenta la existencia humana en su ser y hacer. Pasar de una psicología positivista hacia un psicoanálisis, que estudia las tensiones entre lo consciente e inconsciente, entre libertad y control, entre ser individuo y, a la vez, parte de la sociedad; o una psicología crítica, que estudie cómo los mismos saberes psicológicos científicos generaron poder y dominación a través de discursos hegemónicos sobre las sociedades, sin un valor de justicia social.
Finalmente, considerando la perspectiva foucaultiana, parece un sinsentido que lo positivo se edifique sobre una observación que busca lo exacto en lo complejo. Pareciera que, al tratarse la psiquis de algo tan oscuro para la ciencia natural, como lo es el deseo mismo o las relaciones de poder, al más puro estilo de la sociedad victoriana (Foucault, 2002), se buscó encapsular aquello “fuera de norma” en la corriente epistemológica dominante. Y es que, justamente, en la desmentida de la esencia compleja de los sujetos, de las cosas, de los fenómenos y de lo incalculable, perdemos de vista el sentido de la conciencia, de lo subjetivo, de la historia y del ser. Sentido que, más allá de la compresión fenomenológica y hermenéutica, desde una perspectiva crítica, se encontrará estructurado por determinantes sociales, culturales, económicos y políticos; pero también, desde una lectura psicoanalítica, estará permeado por representaciones y experiencias afectivas, eróticas y mortíferas.
En la artesanía de lo incalculable encontraremos mucho más de aquello que ha sido menospreciado en la humanidad por el dogma positivista desde los saberes psi.
Bibliografía:
Danziger, K. (1994). Los orígenes de la psicología moderna. Recuperado de http://www.elseminario.com.ar/
Foucault, M. (1957) La psicología de 1850 a 1950. Traducción de Hernán Scholten. En D. Huisman y A. Weber, Histoire de la philosophie européenne, t. II, Paris, Librairie Fischbacher. http://historiapsi.com/Biblioteca/Foucault_Psicologia_1850_1950.pdf.
Foucault, M. (2002). Nosotros los victorianos. En Historia de la Sexualidad. Vol 1. (pp. 9-18). Siglo XXI.
Kaulino, A. (2015). Historia Crítica y Teoría Social: La Teoría del Reconocimiento de Axel Honneth como Enfoque Teórico para una Historia Crítica de la Psicología. PSYKHE, 24(1), 1-11.
Skinner, B. F. (1977). Más allá de la libertad y la dignidad. (pp.8-59). Fontanella.
Rose, N. (2019). Una historia crítica de la psicología. En La invención del sí mismo: poder, ética y subjetivación. Pólvora Editorial.