¿No te ibas a sacar uno?

[CUENTOS] Una fiesta, un baño y un montón de señales mal interpretadas. Un cuento que gira entre la euforia y la frustración, entre las expectativas de señales mal leídas y un fantaseo inevitable descrito con un tacto que pareciera rozar la piel.

La noche es entibiada de aliento a pisco, que corría entre el círculo de sillas plásticas, blancas, clásicas de playa. Algunas nubes regalan sombra de luna a los insectos del jardín: el frío precordillerano es siempre el mismo, seco, como que hace presencia tan solo si un viento lo empuja, trizando tu rostro al contorno. “Yapo, ¡fumémonos otro!”, y el par de guachas de mi derecha les hizo click, saltando de alegría. “¡Perdón!, ¡uuuuuy perdoname!, te juro no fue mi intención”, entre la emoción no derramó, sino que tiró todo su vaso contra mi muslo, empapándome de vino todo el pantalón: y a ella no le pasó nada, ¡QUÉ HIJA DE PUTA!, yo te iba a dar de fumar. Caen agudos los cristales esparcidos por el suelo, ay la concha de tu madre, la cagá que dejaste, me toma del brazo y entramos al baño, más de una película pasó por mi mente atravesando el pasillo; por qué tenías que tener buenas tetas, lo dije y qué: ahí estaba yo, mirándolas piolamente mientras ella me limpiaba el pantalón, y me mantenía, al menos, alegre dentro de la situación en que mis jeans quedaron estrujados de Santa Helena. “Tendrás que sacártelo para poder limpiarlo bien”, ya está, pensé, y cayó en forma de arca toda la esperanza. ¿Será que sí?, o solo es la culpabilidad de su estupidez buscando sentirse menos culpable. Me bajé los pantalones y los boxers eran mi última prenda. “Tengo que pasarte la esponja para que no quede pegajoso”, medio paralizado por sus palabras, el baño se hizo más chico, y yo más para adentro: no supe cómo reaccionar, y de un momento a otro su mano deslizaba tibia por mi pierna una esponja apretada y sus uñas al pasar; como anguila eléctrica, de su roce algo comenzó a suceder, de inmediato, un rápido recorrido agita a toda prisa mi cobertura, esos pelitos de pierna comenzaron a dudar, y cada vez que toca mi piel se me para un poco más. Volado entre los rebotes posibles que me dan sus pechos, concentrado en sus dedos, surfeaban cándidos a través de mi pierna, y en segundos, casi sin darme cuenta, casi sin percatarlo, mis trasnochados ojos sostenían su cuello, y yo iba a besarlo, podía alcanzarlo, la escalera se hacía corta, era simplemente una estirada y ya está, pero antes debo comprobar si es terreno fijo, lo sé, ella tenía un par de señales, dijo eso de los ojitos claros, enrulaba mucho el pelo a su dedo, mientras miraba, fija, apretando y abriendo su boca sin pintura, y esos dedos que jalan y acarician el pelo, son para mí el más firme dato del sí. Afuera en el patio todo seguía normal, tirados entre el pasto, desparramados por las sillas; la música se mantenía en bajos graves y el ritmo a un cuarto clásico: nadie podía sospechar de esto, nadie podía imaginar que apenas empezó lenta y rápidamente la sangre a rellenar mi pene, ella, que por cierto solo sé que su nombre es con ce, comenzó a palpar el paquete completo, bien envuelto y apretado a sus yemas. Atiné a darle un beso, misil lanzado e impactando, como que uno nunca se cree esto, y apretó suave de una forma carnosa, todo el pene en su totalidad de paquete, comprimido en su mano. Podía ver como ella disfrutaba mientras crecía más, mientras, latente, y palpitante, se agrandaba de tibiedad para ella. Todos los circuitos nerviosos con cafeína, y mi verga, fuera de sospecha, subiendo a pleno desde el centro, como churro rellenándose en manjar, se hacía más enorme y más cálida y más ansiosa entre cada frotada, tanto que de tan parada que estaba, me comenzó a molestar que estuviese así de aprisionada: una bella flor debe tomar sol, y me bajé la ropa interior. Aún nadie sospechaba que yo la besaba, o que ella mordía a veces. Nadie realmente sospechaba que moviendo mis manos para abajo, alcanzaría aquello que lleva a las piernas, y ahí me anclaría: nadie sabia que yo me encontraba acariciando su contorno, y los muslos, piezas de un mundo perdido, están hechos para moldear el impulso y contenerlo a lo cutáneo, sacudiendo de delicia el contacto. Te tomo y la nuca aprieta el beso, me guías ante helechos esta noche, purpura el río que cae de tus labios, y de su dulce vino cartoneado en uva me voy a alimentar. Es ahora, bajo el boxer y asomo a su rostro mi pene, desnudo y pleno, moviéndolo hasta sus dedos. Vi el dardo volando directo al centro, vi la roca golpeando el mar; sentí su brisa ahondar con sal, y como penal a galería, de la gloria se llega a la desdicha tan solo en un momento. Le da un susto desde las cejas y corrió la cara, poniendo la peor situación, ¿¡Pooor qué!?, si estaba todo tan bien. Puedes tocarme la callampa casi desnuda, mientras me besas y yo hundo en tus piernas las uñas, pero aún así, te ofende si la saco afuera para algo más, pendeja histérica, mujer malvada, mala mala. Indignada, ella aprieta una mano al muslo suyo, y se va nomas. Mojado todavía, con el pene erecto, con el corazón que habita en los cocos roto y la moral fuera, no sospechaba que nadie sospechaba de todo esto, y me sentía un fracaso total, humillado, denigrado en la lotería que es el sexo con desconocidos. Me costó integrarme nuevamente a aquellas sillas en redondela. Era volver a una normalidad, en donde no concretaba, en donde no estaba desnudo junto a esa chica tirando en el baño. Y vaya a saber por qué, si iba todo fluyendo bien. Quizás tenía guacho, y no pensó que iba a llegar tan lejos, o tal vez le asustó, en volá fue tantos años de psicoseo machista por parte de su madre, o mañana sea monja y se masturbe por las noches pensando en el cura, deseando que llegue el domingo para escucharlo entre sus plegarias. Qué más da, ya era la wea, y ya fue, mala sangre para qué. Una menos, no la veré más, pero aún queda juego, noche, y que fumar. La chica cuando volví a integrarme ya no era la misma; no había de esas miradas, menos las toqueteadas de pelo, ni la alegría, e incluso, al rato, se fue, diciendo un par de excusas que yo no compré. Vuelta a la cancha y aún hay esperanza, hoy sí o sí tiene que suceder, y pensé, ¿por qué nos cuesta tanto?, ¿por qué les damos el poder en la relación social de esta manera?, siempre maniobrando y remando, siendo evaluado constantemente, en esa lucha política de conseguir su favor, sus sonrisas, ¿¡por qué?!, importándonos tanto, ellas, como locos y bien ciegos corremos, y atrás del caballo, amarrados por los pies; somos linchados por las mismas imposiciones que la sociedad nos ató, y de un árbol quedamos colgados. Odio al patriarcado un rato más y decido actuar, como siempre, es el hombre el que debe encarar, la conchetumadre, pero antes un pisco debo tomar. Siempre algo nos acompaña, siempre algo tenemos allí. Para mí, ese vaso era el único estandarte con mi bandera, la única tierra segura entre yo y la fiesta; me escudaré en su sabor, y por sus sensaciones arderá todo el valor para lograrlo. Entre la sombra nocturna y las tenues luces del patio, algo caminaba directo donde estaba, una chica se acercaba; los ojos fijos dentro de mi rostro, su mirada no apuntaba a nada más, venía para acá y yo me tambaleaba: venía para acá y yo tomaba todo el vaso, dejándome completamente solo. “Hola, oye, ¿no te ibas a sacar uno?, porque… -metió la mano a su bolsillo y me sonrió hasta la frente- yo acá, tengo otro”, y llevándolo a su boca, le dio mecha con un Bic rojo. ¿Era posible tal situación, o el pisco está entero bélico?, sí, veo bien y siento el aroma: caramelo blanco corría por su boca, su humo crecía y de pronto llegó a mis dedos, me miró a los ojos, en esas miradas que son para mirar qué mira el otro, cómo mira, para qué mira, Flema mientras tanto sonaba al fondo: *¡Ciego por la nieve no puedo parar*, qué pretendes que sales así entre la nada, *nubes de alcohol no me dejan pensar!*, te interrogo en pestañeos, cejas corredizas, mando un mensaje a la boquilla y te giro nuevamente el caño, *en esa esquina voy a vomitar*, “Ahora prendamos este, cosecha propia” le digo orgulloso, *y a los que pasen voy a salpicarrr*, “El mío también era hogareño”, dijo ella, y entre sus sonrisas, rojizas, *en la esquina voy a vomitaaaaaaaaar*, declaró todo el mundo que estaba presenciando sus ojos, justamente, *¡al que pase voy a salpicaaaaarrr!*, lo mismo que veían los míos, deslúmbrame, y ten en mente que entre tus dedos desnudos, *En la esquina voy a vomitaaaaaar*, sostienes donde estuvo mi boca, y ahora al contacto con la tuya, *al-que-pase-voy-a-salpicaaarrrr* , no hizo falta más, y me llevó de la mano aún fumándose el pito, *Voy caminando por la ciudad*, y yo, no lo podía creer. Muérdeme pero para qué tan violenta, vas a matarme y me siento morir: en llamas, el hombre ve el dolor y llama al suicidio; la mujer lo siente como tacto de vida, de lucha indefinida, entre la suerte y el tiempo, entre la vida y la vida. Me masticaba la boca, me rumeaba de labios la respiración, sus ojos asechan y soy un pobre ciervo, un pequeño oso en su trampa, va al frente y me encuentra en pijamas, salta del helicóptero y sin freno, te doy un beso para que el cuello sostenga tu sonrisa, saboreo el grueso del lóbulo para que me escuches solo a mi, y en el living oscuro de la casa, avanzamos manoseando lo plástico del cuerpo, lo carnoso que hay en la carne, agárrame fuerte y muéstrame el camino, quebrajemos los valores de la sociedad, zámpame la boca con desesperación, vamos directo donde tú quieras, que no te conoceré, no sabré de qué formas puedes amar, ni tuyo seré, solo tomaremos la máscara más infértil de ambos, para disfrutar la simple banalidad de estar vivo, para eludir la soledad de simplemente existir. “En esta pieza no hay nadie, lo sé porque soy vecina de la dueña de casa”, que alivio, abrimos la puerta y todo oscuro, mano en su cola y pa adentro: la cama tendida ante nosotros y tan solo un par de pálidos destellos azulados iluminaban al costado de la cortina, la música seguía a todo chancho, y todos seguían sin sospechar, que te besé donde caen las gotas desde el cuello, que bajé por aquel camino hasta el pecho, y en tu blusa celeste hundí mi nariz, sobre la cual encargas tu goce, el placer del placebo, de aumentar el ego, o recordar que existe, lo importante era palparte por los hombros hasta las mejillas, te esposo a mis yemas y sigue besándome; sigue besándome que al poner mi mano sobre tus senos olvido que les digo tetas, sigue besándome que siento aquello ilusorio descascarar las mentiras y abrirse paso, al sentir, suavidad en compresión, ser tambaleado como jarro de cerveza, a hurtar la posibilidad de que lo sensorial esté unido con el alma, que el deseo, y el amor, se unan solas en una explosión cósmica, que de sus nebulosas, realmente se formen estrellas al pasar, destinadas a arder por los siglos, para reventar en orgasmo el universo, para huir en dirección al sol. Aprieto, aprieto tus pechos porque los tienes desnudos, entrego caricias circulares de humilde ofrenda; coge mi mano, que te llevaré donde la sensibilidad se une al instinto, coge mi mano para que agarres lo mutable hecho acción, lo sanguíneo en pos del impulso, toma mi mano que te llevo a la torre Karin, al templo sagrado de lo humano, toma y siéntelo, tómalo en tu mano, como corre el torrente rojo, como lo llevas a su limite por tu piel, por ese aliento que se siente al respirar, por aquel beso cortado que sueltas al frotarte, y mis dedos corren juguetones por el jean, los dedos que te caminan como dedos por tu entrepierna saltan y caen más profundo, adentrándolos al comienzo de tu vagina, torrentosa, palpa, palpa y nutre tu palma, toma a tus dedos mi pene completo, ya afuera, y no veo histeriqueo, solo veo una mujer decidida que sigue caminando, no me abandones aquí, llévame tuyo en tus brazos, méceme un rato en el pecho, y prometo ir por caminos llevaderos, de senderos en sombra y lecturas de micro, acaricio tu panza y ésta tiene un rollito, ha sido la parte más linda de tocar, y al apretarla un poquito, tus besos comenzaron a ser bongazos de cogollo, hidrata mi mente y hazme hundirme de ti, reposemos en el profundo del colchón, el centro de la tierra es hueco, mudémonos ya mismo, toma mi mano y saltemos a Urano, descendamos con un cometa a Plutón, tus manos mueven y aprietan y jalan todo mi pene, yo las necesito sentir también ahí sobre las bolas, las weas yacen frías como asiento de baño, pero al poner tu palma en forma de copa, las entibias de sensaciones, me desespera y sale un “ahhh”, ya no puedo esperar más, tu pelo es fiel amigo de mis dedos, y caen vivaces a través de él, te agarro, danza para mí, te agarro la cabeza y me besas más fuerte, te agarro la cabeza y la acaricio suavemente, y bajas, dándome un beso largo de lengua larga, bajas palpando mi pecho y todas las zonas del ombligo, y ahí me miras, ahí te detienes una vez final, como darle suspenso, como para advertirme de lo que viene, y divertirte de mi. Entro a un universo distante y se hace latente, “ahh, ¡aayy! la weá”, atravieso la poza y caigo por sus aguas, me inyecta sangre y bombea mi verga, tus dientes, apenas los he sentido, eres el río y yo la balsa, un gran Trululú, tu boca baja rápido y decidida, navegaré sin deriva con tu lengua, apretaré el pelo más todavía, y el pene húmedo en cálida saliva, es comido entre labios, “ahhhh”, “ahhhh”, apretando el glande se siente más rico, ahora es tironeado todo el tronco hacía adentro, chupado y succionado con esa misma desesperación que siento, que me electrifica, que me acelera, “Para un poco, ven para acá, y dame un beso”. “Aaaaaaahh…”, dio una profunda sumergida hasta la garganta, pareciese que se lo fuera a tragar, y empujando más y más adentro de su boca, hizo unos ruidos babosos que me la pararon más todavía, y golpeando su cara contra mi ombligo, unas lagrimitas salieron de sus ojos, “¡aaaahh!”, bellísima, me mira, arrastrando sus labios hasta fuera de mi pene, apretando hasta el último momento con su lengua, lo agarró con las manos, y subiendo a darme un beso, sonrió: “Que sabroso. Quememos este”, “¿Podremos fumar aquí?” contesté, “Y qué tanto, si no deberíamos siquiera estar haciendo esto, así que lo prendo igual. Qué chistoso” y se rió tomándose la cara, yo aún no dimensionaba lo que pasaba, aún no lo podía creer, y se veía con una energía, como si cada chupada le hubiese dado fuerza o batería, estaba indudablemente más preciosa que cuando la vi acercarse, “¿Qué es gracioso?, ¿que lo vayamos a hacer acá?” le dije, “¿Y quién dijo que lo vamos a hacer acá, guachin?”, la concha de tu madre, pensé, ¿le vas a dar color ahora?, ¿¡después de todo esto!?, cómo es posible que exista tanta maldad, “Que no se te caiga la cara. No creas que estoy huyendo, o que no sé lo que quiero, lo que pasa, es que…” y se rió un poquito más, “¿Estás pololeando?” -interrumpí-, “Noo, no, definitivamente no. No es eso. Lo que pasa, es que, estoy con la regla.”, y se rió de volada un poco más, de inmediato mire mis dedos, y un café oscuro, delgado y pegajoso los rociaba, sangre, por qué, ¡por qué biología humana!, ¡por qué mierda maldita cuea!, “Pero… si quieres, acábame en la boca. ¿Eso te gustaría?”, se rió la última vez, dio una buena pitada, yo me sentí caer, me entregó el caño y lo recibí boquiabierto, quebrado, miró mis ojos una vez más, como volviéndome a advertir, como disfrutando de mi vulnerabilidad, soltó el humo, y volvió a bajar.

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