La ternura es un espejo:
revela el rostro del otro,
sin cuya presencia
tú mismo sin existencia.
Al mercantilizar la bondad,
se desvanece la fraternidad.
Un glaciar avanza sobre nosotros,
pura estética del vacío,
devorando los paisajes de la memoria.
Ya no queda fuego que resguarde;
solo el invierno del yo,
en su celda de comodidades.
La niebla oculta la forma de los otros.
A veces me siento desgajado,
prisionero de una utopía en ruinas,
y a veces, un destello de esperanza
me devuelve al asombro en el viento.
Entregar lo que no poseo,
como mi deseo de dar anhelo
en este plano desierto.
Pensando en compartir destellos,
ignoro si la semilla encontrará la luz;
y aunque termine en el Otro verso,
mi corazón seguirá vibrante por eso.