¿Qué pasaría si un día una nave espacial se posara en los cielos? ¿Perderíamos la cabeza o continuaremos como si nada pasara? ¿Cómo nos impactaría la presencia de seres cuyas intenciones y formas de comunicación escapan a nuestra comprensión? En Dead Dead Demon’s Dededede Destruction (abreviado Dedede), Inio Asano no necesita formular estas preguntas de forma explícita para ponerlas sobre la mesa. El mangaka autor del icónico “Oyasumi Punpun” nos entrega en su obra una aventura que de momentos parece un slice of life, en otros un thriller político, en otros comedia, siempre atravesados por la ciencia ficción, pero de esas bien aterrizadas. Dedede pone en primer plano no sólo el impacto de lo extraño, sino cómo lo monstruoso y lo incomprensible pueden ser absorbidos por la rutina, generando una sensación de angustia inconfesada que crece sin ser del todo visible.
En esta historia seguimos a Kadode y Oran, dos adolescentes que cursan su último año escolar, quienes conviven desde hace ya 3 años con una nave espacial que apareció en los cielos de Tokio, momento al cual se refieren transversalmente como el 8.31, que marca no solo el día en que la nave aparece sino también el primer intento de eliminarla, con terribles consecuencias en zonas residenciales, en medio de un constante ataque de parte de los humanos hacia los invasores, con una respuesta casi nula por parte de los extraterrestres, quienes a simple vista parecen inofensivos. Pese a todo y tras el impacto traumático inicial, nuestras protagonistas viven este último año como si nada de esto fuese motivo suficiente para distraerse de su día a día y de las problemáticas propias del paso de la adolescencia a la adultez en la sociedad japonesa. Es a través de los personajes adultos que vemos cómo se lidia con la invasión, la comunicación del conflicto hacia la población y las posibles repercusiones sociales y económicas de esta situación, lo que genera una expectativa constante en el espectador.
Dedede no solo nos sitúa en el desencuentro entre los personajes y el mundo que los rodea, sino también en la problemática de la desensibilización mediática. La convivencia naturalizada con la guerra y el caos, como fenómeno global, se ve reflejada en la saturación informativa que nos bombardea hoy en día. En un contexto de sobrecarga de medios y creciente desconfianza hacia las fuentes tradicionales de información, surge la pregunta: ¿Qué debemos creer sobre lo que acontece más allá de lo visible?
Esta paradoja, donde lo aterrador se convierte en lo habitual, resuena profundamente con el concepto de lo ominoso en Freud (1919). Freud define lo ominoso como aquella sensación de angustia que surge cuando lo familiar se vuelve extraño, cuando lo que antes era conocido se convierte en algo inquietante, provocando una incomodidad psíquica que no viene de lo ajeno, sino de lo que estaba reprimido y ahora regresa. En Dedede, la nave alienígena que aparece en el cielo es una presencia ominosa no solo porque es una amenaza externa, sino porque se ha convertido en algo tan cotidiano que su misma existencia comienza a desdibujarse, abriendo paso a un tipo de angustia más sutil: la que surge del conocimiento reprimido y de la incomodidad de convivir con lo perturbador sin confrontarlo directamente. Como espectadores nos es claro este hecho, ya que el ánime plantea desde un inicio un prólogo que no está presente en el manga, que nos adelanta algo de esta historia, y nos muestra que los alienígenas se encuentran desde antes viviendo entre los humanos, dando así mayor relevancia a la presencia de ese otro ajeno escabullido entre lo familiar.
A medida que la historia avanza, Dedede ofrece un contraste entre la apática desensibilización de las masas, que responden al conflicto como si fuera una rutina más, y la incomodidad persistente de los personajes principales, quienes a pesar de la invasión alienígena y sus secuelas, siguen con su vida escolar, sus pequeñas aspiraciones, y sus miedos típicos de la adolescencia. Para Kadode y Oran, el mundo parece continuar como si nada ocurriera, aunque la sensación de que algo está profundamente mal nunca desaparece.
En las indagaciones que realizara Freud en su escrito dedicado al concepto de lo ominoso (1919) y tras una larga lucha por definir este afecto o sensación, al ligarla con la angustia y los procesos psíquicos “esto ominoso no es efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar de antiguo a la vida anímica, sólo enajenado de ella por el proceso de la represión.” (p. 241) lo cual nos sitúa de lleno en el llamado 8.31. Este evento fue traumático para los habitantes de Tokio, y particularmente para nuestras protagonistas. Sin embargo, con el paso del tiempo y la aparente normalización de la situación, los efectos emocionales de ese trauma se entierran bajo una capa de represión. No solo de manera simbólica, sino de forma concreta, lo que lleva a la invasión y a la nave en el cielo a entrar en el ámbito de lo ominoso: algo tan presente y familiar que, lejos de ser enfrentado, se convierte en una fuente de angustia silenciosa y esquiva, un horror que no se puede definir pero que sigue allí, como un ruido de fondo que no deja de acompañar sus vidas.
Vemos a lo largo de la historia momentos que despiertan fugazmente aquello que busca ser ocultado, se encienden luces solo para luego ser enceguecidos por las mismas, se instala la búsqueda del sentido de la vida pero detrás del telón aguarda la pregunta por la muerte, que asoma como queriendo espiar el curso de las cosas, esperando el momento exacto para entrar en escena y recordarle a nuestras protagonistas la situación en la que están. El autor no se esmera en esconderle al espectador el caos que significa todo lo acontecido, al mismo tiempo que nos cautiva con una cotidianeidad que nos invita compartir y ver crecer a estas adolescentes, que viven con un ruido de fondo que se ha hecho tan familiar que se dificulta oírlo y verlo de frente, para así medir los peligros que yacen latentes.
En el fondo, Dead Dead Demon’s Dededede Destruction se convierte en una alegoría de nuestra relación con lo ominoso en la vida real. La obra no solo nos enfrenta a la normalización de lo extraordinario, sino que nos invita a reflexionar sobre cómo nos enfrentamos a la violencia, al caos, y al miedo: ¿los ignoramos hasta que ya no podamos hacer nada al respecto, o seguimos adelante, distraídos por la cotidianidad, mientras estos monstruos invisibles acechan, siempre presentes, siempre latentes? Al igual que la nave alienígena en Dedede, las amenazas más grandes pueden ser las que permanecen suspendidas sobre nosotros, aparentemente inofensivas, pero con el poder de cambiar nuestra percepción de lo que realmente es normal.
¿Qué pasaría si un día una nave espacial se posara en los cielos? ¿Perderíamos la cabeza o continuaremos como si nada pasara?