ABRIR LA PAREJA… que sentido le damos cuando pensamos en el dispositivo de pareja

[ARTÍCULOS] Desde Argentina, Cecilia Magni y Virginia Groso, nos comparten un interesante trabajo que cuestiona el amor romántico y los sentidos de ser pareja. A través de interesantes preguntas, propondrán abrir la pareja más allá de lo sexual para poder repensar los vínculos amorosos.

1Marca de género: el presente articulo está escrito usando el masculino como genérico para evitar la sobrecarga gráfica. Por favor, léase sólo como una simplificación, ya que, las autoras adhieren a la igualdad de género en todas sus manifestaciones. Autoras: Cecilia Magni2Lic. en Psicología – Psicoanalista vincular. Docente en APCVC. Formación en desórdenes alimentarios. Miembro fundador de Proeso (Programa especializado en sobrepeso, obesidad y TCA) IG@ceci.magni y Virginia Grosso3Licenciada en psicología – Especialista en Psicología Vincular de familia con niños y adolescentes. Especializada en psicoanálisis vincular – Docente de Grado (UES21) y Posgrado (UCC y APCVC) Miembro de CD de APCVC. IG @virgi.grosso0

Uno es, al demorarse impensado horadando el tiempo. (Del Cioppo, G.,1997. Beso de agua, Poemas, Buenos Aires)


Abriendo la pareja…y los sentidos que la cierran

En nuestra sociedad actual, posmoderna, por muchas cosas, algunas personas eligen vivir en pareja. Otras las buscan desesperadamente para «no estar solos». A otros, el reloj biológico para cumplir determinadas funciones, les pone contra las cuerdas en la búsqueda del armado de una pareja. Pero, ¿por qué muchas personas eligen estar en pareja? ¿Para qué sirve una pareja?

Nuestra idea, para empezar a “abrir la pareja”, es que podamos desnaturalizar algunas construcciones, con la ilusión de potenciar una reflexión de lo que aparece de algún modo como dado, no cuestionado, impuesto, condenado a lo inexorable. 

Es así que nos preguntamos: ¿qué se espera de una pareja? ¿Qué se busca en una pareja? Intentamos, a través de estas preguntas, bordear alguna idea, ponerle palabras a algunas determinaciones inconscientes que condicionan el armado de la misma. Entre ellas no podemos dejar de mencionar, el mandato social de tener pareja como manto velador incuestionable de reproducción social.

En un conversatorio que nos convocó a pensar juntas en otro contexto, al proponer estas preguntas circularon algunas ideas al respecto, como, por ejemplo: que el otro me haga feliz, que pensemos lo mismo, que el otro me complete, que manejemos los mismos valores, que sea el reducto donde encontrar la paz que afuera no está, para no estar solos… entre muchas otras.

Las respuestas a estas preguntas se encuentran en los cimientos de la mayoría de las parejas, tienen que ver con la ilusión del encuentro, y encuadran en gran medida lo que cada persona espera de la pareja, los ideales que se construyen en relación a ese dispositivo, como así también los modos de sufrimiento que les determinan.

¿Cuántas cosas se esperan de una pareja? ¿la pareja tiene que poder con todo?

Históricamente se le ha dado a la pareja un lugar protagonista y jerárquico en desmedro de otros vínculos. Y la idea del amor romántico en el armado de la misma, también ha determinado en gran medida qué se espera de ese vínculo, cuáles son los lugares a ocupar. 

– “En mi caso el deseo de estar en pareja es compartir el día a día de la vida y sentirse especial en la mirada de otro. El asunto viene cuando luego de que alguien te atraiga (sucede solo con algunos a partir de las historias personales y cosas químicas inexplicables) logres coincidir en lo que significa compartir”, nos dice M.

La pregunta “para qué sirve una pareja”, deja al descubierto estas expectativas que cada persona trae. También pone a la luz la idea mercantilista en que tiñe nuestra vida. Somos consumidores de «casi» todo, pero también somos consumidos. Nos proponemos transformar estas preguntas y abrir los sentidos con la idea/pregunta de qué hace a una pareja.

En otras palabras, sería: ¿Qué es lo que produce esta pareja, con esta historia determinada, en este contexto social? Que pueden armar, acordar, ¿qué alianzas pueden tejer para construir un común que les produzca sentido? ¿Cómo erotizar la cotidianeidad de los encuentros que vitalicen la espera de los tiempos de cada uno y los de la pareja?

La materia prima para pensar, además de muchísimos autores, es el recorrido diario por nuestra y otras clínicas afectadas, para abordar las variaciones del dispositivo y cuáles son las demandas más frecuentes que circulan en los distintos espacios donde nos convocan.

Algunas dificultades manifiestas por las que las parejas consultan pueden ser múltiples, aunque se parezcan en sus formas, ya que vivimos en una sociedad que va modelando los modos de amar y también los modos de sufrir. Justamente la singularidad de lo que cada pareja arma, es a donde nuestra escucha activa estará dirigida.

Lo que frecuentemente escuchamos en las consultas refieren a la falta o mala comunicación, los malos entendidos, la sensación de que el otro no escucha y la violencia que generan estas situaciones. ¿Cómo se produce esto? ¿Será por las expectativas de cada uno? ¿Será que las idealizaciones y representaciones refieren más al otro imaginado que al otro real? ¿Será que la alteridad que aparece con la presencia del otro, impone y obliga a hacer un trabajo psíquico que no sabemos cómo hacer? También son frecuentes problemas en/con la sexualidad, por falta de la misma, falta de deseo, falta de tiempos. Angustia con frecuencia la falta de reconocimiento del otro, problemas del pasaje de pareja amorosa a padres y la vuelta a la pareja, entre otros.

“No nos escuchamos o ya no podemos acordar” es lo que se verbaliza, sobre todo en parejas con más años de convivencia. Luego hay una franja etaria4Dividimos en tres grandes grupos las consultas de parejas solo a modo didáctico, sabiendo que dejamos por fuera cientos de singularidades. donde les desborda la vida cotidiana con exigencias de productividad 24/7, llevándolos a un frenesí de entradas y salidas, llegando con los cuerpos agotados sin espacio para el encuentro, con los niños en las camas, “con tal que duerman…”. En otros momentos, está la franja más joven, donde las redes sociales consumen su energía y la necesidad frecuente de interpretar los corazones y likes que circulan indiscriminadamente cada movimiento, convirtiéndose en indicadores de existencia y validación real.

Los hijos, el dinero, las crisis vitales, situaciones laborales, los estereotipos de género, todos y cada uno van impactando en la vida de una pareja.  Aunque algunos de manera positiva, otros de manera negativa, acaso son fuente de estrés, que exigen a la pareja poner en marcha sus necesidades y deseos de comunicación y de afrontamiento y tramitación de conflictos. 

También se juega la motivación para mantenerse juntos y la capacidad de reconocer el paso del tiempo, y como los cambios van impactando a cada uno y al vínculo. – “Yo no entiendo más nada, vos antes no eras asi…me vendiste un buzón”. Esto configura desafíos que implica para todos establecer relaciones de intimidad en el contexto social actual.

Así, desde nuestro quehacer, el trabajo terapéutico vincular nos convoca a una ardua tarea, una de ellas es reflexionar sobre los vínculos, entre y con ellos, es decir sobre sus condiciones de producción, su devenir histórico, y los distintos modos en que se configuran. 

En muchísimas ocasiones nos vemos interpeladas a dar respuestas cerradas, con premura y en la urgencia, a diversas situaciones planteadas. Esto nos posiciona firmemente en la idea de que es necesario cambiar los paradigmas desde donde pensamos lo ya pensado, lo ya sabido. Sobre todo, poder sostener la pausa, la demora que implica que los cuerpos vuelvan a sentir el latido de lo que implica estar juntos. Razón y piel, pasión y ley, dice la canción, No se vuelve sabiendo el porqué, se lo siente…se lo acuerda.

¿Qué es el amor?

Para empezar a hablar sobre el amor, podemos hacer un breve recorrido de su historia. El amor romántico tal como es pensado hoy, ¿siempre existió en las parejas? ¿de dónde y desde cuándo surge la idea de este tipo de amor? 

En la antigüedad, el amor no era la principal razón para formar parejas. Los matrimonios se basaban en alianzas políticas y económicas, intereses familiares, de reproducción y descendencia y estabilidad social.  Con el surgimiento del Romanticismo, el amor se convirtió en un ideal más importante para las relaciones, y recién en el siglo XX el amor se convirtió en una condición casi universal para formar parejas.

Entonces… ¿Qué es el amor?

Pensamos que, si tuviéramos “la respuesta”, perderíamos la potencia de búsqueda vital como seres de pasiones. El primer ejercicio que debemos hacer para pensar qué es el amor, es desarmar las representaciones que tenemos asociado a que amor es únicamente “amor romántico”, siempre teniendo en cuenta también que cada concepto tiene sentido en un tiempo histórico que le da su soporte y significado, dejando por fuera aquello que no puede ser pensado en ese tiempo y espacio. 

Para nosotras, el amor tiene que ver con un trabajo que se hace con otros, donde interjuegan variados sentires, desde ternura, paz, alegría, entusiasmo hasta enojos, angustias, malestar. Es un trabajo que debe dar lugar al conflicto que implica habitar la fragilidad de la existencia humana. Se hace entre lo que llamamos vida y muerte y contempla el vínculo multiespecie. Es un trabajo arduo, porque implica entre otros procesos la hospitalidad, el cuidado, renuncias, acuerdos, alojarse en las múltiples dimensiones por las que vamos atravesando.

Escuchamos con frecuencia el sufrimiento de parejas que, tras mucho tiempo de recorrido terapéutico, en un intento de sostener los lazos que los unen, se siguen aferrando, apuntalando en los escombros de un mundo que ya no es y en una historia que les es lejana. Una imagen de antaño, una imagen que parece de siempre, que brinda una especie de ilusión y faro, frente al no saber de qué otra forma se hace pareja o… se deshace. Una idea que, frente a la fragilidad vincular, brinda refugio y sigue ofreciendo una esperanza en las frases que, a modo de mantra, insisten y subsisten en: “no todo está perdido”, “el amor todo lo puede”, “el amor es para toda la vida”. Quedarse anclado a esos mandatos de amor romántico, a esas construcciones, genera, más de una vez, profundos sufrimientos.

Amor también tiene que ver con procesos de cuidado, apuntalamiento, discriminación de la diferencia, sostén de vulnerabilidades, amistosidad, todos trabajos que se hacen en un entre, desde un dos o más de dos, no en uno más uno. Acá podemos recalcar el verdadero sentido que le damos a abrir la pareja o también la palabra poliamorosidad, que nada tiene que ver con polisexualidad, esta última ligada a una lógica más de mercado. 

Lo poliamoroso justamente apunta de desjerarquizar el vínculo de pareja como el único y más importante, y poner en valor de manera horizontal, la multiplicidad de vínculos que podemos habitar dadores de sostén y crecimiento. Lo poliamoroso entonces es poder amar otros modos de vincularse, quitarle el sentido que se le ha dado al amor de propiedad privada y mezquindad.

Entonces amor tiene como condición la fragilidad, la imperfección, la no completud, lo inesperado, la posibilidad de inventar en cada encuentro y ser otro con otros. “Que el amor sea lo mejor y lo peor que nos pueda pasar en la vida es un gran problema” dice Vir Cano (2022, s/p).

Abrir la pareja

Surge en los últimos años la idea de abrir la pareja como respuesta a los sufrimientos, como nuevos intentos de hacer parejas.

A la pareja se le ha otorgado un lugar privilegiado en su aporte al sentimiento de sí, según el cual, al decir de Spivacow (2005), “el otro juega un papel clave en la manera que el sujeto se experimenta a sí mismo” (s/p). El partenaire aparece como fuente casi exclusiva en cuanto a la regulación intersubjetiva del sentimiento de sí, o de la autoestima. 

¿No llevaría esto a un empobrecimiento psíquico al cerrarse a un solo vínculo, fuente de toda satisfacción? ¿Qué otros vínculos pueden aportar en la construcción del sentimiento de sí? 

¿Por qué hablamos de abrir la pareja? Para pensar esta idea, retomamos el inicio de este escrito: cuánto se le pide a la pareja, ¿acaso la misma tiene que poder con todo? Y entonces surge esta idea de abrir la pareja: ¿qué otros vínculos quedaron en la sombra al verse jerarquizado el de pareja? ¿Qué otras posibilidades de construir vínculos amorosos quedaron en el tintero?

Algunas viñetas nos ayudan a seguir reflexionando:

– “Prefiere ir a jugar al fútbol antes que estar conmigo” – se queja ella. – “No es que prefiero – aclara él – me encanta jugar al fútbol y estar con mis amigos, y también me encanta estar con vos”

– “No tenemos tiempo para nada, el trabajo nos lleva todo el día, pero ella tiene tiempo para ir a comer con una amiga. ¿Por qué no se queda conmigo?”

– “El asado de los miércoles es sagrado- dice sarcásticamente ella. – todos los miércoles tienes que ir?” – “Sí”- responde él – “de jueves a martes elijo estar con vos, pero los miércoles tengo ganas de estar con mis amigos.”

– “Cuando él llega a casa no tiene ganas de hablar conmigo”. – “No es que no tenga ganas. Sabes que a mí no me interesa hablar de lo que pasa a otras personas, si quieres eso háblalo con una amiga”.

Proponemos esta idea, de que “abrir la pareja”, no significa solamente estar con otros sexualmente, sino abrir a otros vínculos que puedan también ser nutricios, fuentes de cuidado, de apuntalamiento y sostén. Y que, de alguna manera, no todo se pida al vínculo de pareja, sino que en la diversidad de los vínculos cada uno pueda ir ¿tramitando? eso que espera en el encuentro con otra persona. Y que la novedad del afuera, enriquezca el adentro del dispositivo.

Nuestra propuesta tiene que ver con un intento de reformular la invención creativa del amor romántico y los postulados que la sostienen. 

Especialmente cuando nos damos cuenta que,  la institución matrimonio, la imposición de la monogamia sin trabajo y sin cuestionamiento, la educación que nos atraviesa desde que somos nombrados, las expectativas familiares, y algunas expresiones artísticas, especialmente el cine, y cierta literatura disponibles en el mercado, son  dispositivos de subjetivación eficaces, donde se modelan nuestros afectos, nuestros modos de relacionarnos, de pensar al amor romántico como objetivo de felicidad y realización personal y al mismo tiempo como técnica eficaz de aislamiento y borramiento de otras posibilidades de elección.

Desde una perspectiva psicológica, sostener una mirada centrada en los vínculos implica entender la constitución subjetiva como un proceso complejo y multidimensional. Este enfoque reúne diversas dimensiones: lo corporal, que abarca desde lo orgánico hasta la experiencia del cuerpo erógeno; la pertenencia a un sistema de parentesco que configura lugares simbólicos interconectados; y la participación en un entramado socio-histórico que ofrece formas de subjetividad únicas e irrepetibles (Gomel, 2007). Así, se concibe al sujeto como una entidad sustentada en múltiples bases, lo que da lugar a la paradoja del «sujeto múltiple». Jugando con este término, agregaríamos: y en los múltiples vínculos que pueden nutrir a cada persona.

Kaës (2007) describe esta multiplicidad como un “singular plural”, subrayando que el sujeto no puede entenderse únicamente desde dicotomías tradicionales como sujeto/objeto, individuo/cultura o mente/cuerpo. En cambio, el sujeto se define en su interrelación, en el “entre”, rompiendo con las divisiones clásicas entre lo interno y lo externo. Esta perspectiva vincular implica reconocer que cada dimensión o base del sujeto demanda un trabajo psíquico que no siempre tiene límites claros. Estas bases operan bajo sus propias reglas, generando combinaciones, conexiones, pero también rupturas y discontinuidades.

Lejos de una visión idealizada de armonía y cohesión, el sujeto emerge como una construcción dinámica y caótica, caracterizada por conflictos, crisis y contradicciones. Su configuración es el resultado de los lazos con el otro, o con múltiples otros, lo que revela una subjetividad en constante transformación y tensión, más que un estado fijo o estable.

Entonces abramos la pareja: El trabajo en el dispositivo de pareja

¿Cuál es nuestro trabajo cómo terapeutas de parejas en la actualidad, cuando nos sentimos afectadas por parejas, que muchas veces tras mucho tiempo de trabajo psicoterapéutico, siguen posicionados en ese lugar de peleas constantes, padecimientos de vacío, desamparo aun estando con otro?

Quizás hoy, más que nunca, estamos convocadas a una clínica ardua y con variaciones en el dispositivo de manera constante, cambiante. 

¿Entonces qué estamos haciendo los terapeutas de pareja, hoy en el aquí y ahora?  ¿Acaso estamos tratando de sostener denodadamente parejas, con el modelo que todavía los atraviesa y nos atraviesa como terapeutas? ¿Quizás intentamos dar respuesta a una demanda, que obtura el pensamiento crítico, en tanto también sujetos de esta cultura e insistidores tratando de sostener parejas que se desarman o sufren en exceso por un ideal que ya es inalcanzable? 

Imaginamos y trabajamos para interpelarnos, afectarnos, animarnos al desafío de una clínica situacional.  Esta sería nuestra función como terapeutas de parejas hoy, ahora, encarnando una función escéptica. Nada más problematizable que esta función en estas épocas, donde todo tiene que saberse, y todo tiene “un tip o receta” a seguir. Tal vez una posibilidad sería acompañar en el sufrimiento de aquello que se cae y bancarnos que no sabemos cómo tiene que ser una pareja en estos tiempos.

Poder hacer otras narrativas de lo que es juntarse, pero sobre todo también de lo que es separarse, es decir poder crear otros imaginarios de los roles que ocupamos. Diferenciemos amor romántico de amor Disney5Término utilizado por Brigitte Vasallo: “El relato idílico del amor hace que nadie reconozca lo tóxico de sus relaciones”, aboga por la aniquilación del pensamiento monógamo para evitar las violencias herencia “del amor Disney”. https://www.lamarea.com/2018/11/03/brigitte-vasallo-relato-idilico-amor-toxico-relaciones/, pensemos en otras configuraciones posibles donde no sea necesario encajar en los moldes que derraman por doquier. Acompañar a no saber cómo amar vínculos amorosos sanos, no saber qué viene, no saber cómo construir para encontrar los modos más singulares y propios para hacerlo.

BIBLIOGRAFÍA

Bolgan, S y Grosso, V (2024) La judicialización de los psiquismos. Cuando el divorcio acontece. Revista Psicoanalisis Ayer y Hoy. Publicación en Revista AEAPG N*29. La judicialización de los psiquismos. Cuando el divorcio acontece | María Soledad Bolgán y Virginia Grosso

Cano, V (2022) Po/éticas afectivas. Apuntes para una re-educación sentimental. Galerna

Chausovsky, I (2023) Amar es arder en preguntas. Galerna

Farneda, P (2024) Del amor libre al amor-presa: Dispositivos amorosos, parejas y algoritmos». Seminario brindado en la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG)

Gomel, S. (2007, septiembre). Abordajes y estrategias en psicoanálisis vincular: Acerca de la indicación. Actualidad Psicológica, Los vínculos (Nº 356). Recuperado de https://www.actualidadpsicologica.com​

Gomel, S. (2017) Perspectivas vinculares en Psicoanálisis. (Nº 21) Recuperado de: www.controversiasonline.org.ar

Grosso, V y Magni, C (2024) Habitar nuevos vínculos: Cartografiando encuentros posibles en el trabajo con parejas y grupos en la actualidad. Conversatorio en calidad de disertantes en el marco de la Secretaria de Extensión Universitaria, Facultad de Psicología, UNC – resolución RD No 177/2024.

Kaes, R (2007) Un singular-plural. El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Amorrortu

National Geographic. (2021, febrero). El amor en la historia. National Geographic, edición especial. Recuperado de https://www.nationalgeographic.com

Tenenbaum, T (2024) El fin del amor. Querer y Coger. Planeta

Rougemont, D (2010). El amor y occidente. Kairos.

Spivacow, M. (2005) Clínica psicoanalítica con parejas. Entre la teoría y la intervención. Lugar editorial

Sternberg, R (2000) La experiencia del amor: La evolución de la relación amorosa a lo largo del tiempo. Paidós

  • 1
    Marca de género: el presente articulo está escrito usando el masculino como genérico para evitar la sobrecarga gráfica. Por favor, léase sólo como una simplificación, ya que, las autoras adhieren a la igualdad de género en todas sus manifestaciones. ↩︎
  • 2
    Lic. en Psicología – Psicoanalista vincular. Docente en APCVC. Formación en desórdenes alimentarios. Miembro fundador de Proeso (Programa especializado en sobrepeso, obesidad y TCA) IG@ceci.magni ↩︎
  • 3
    Licenciada en psicología – Especialista en Psicología Vincular de familia con niños y adolescentes. Especializada en psicoanálisis vincular – Docente de Grado (UES21) y Posgrado (UCC y APCVC) Miembro de CD de APCVC. IG @virgi.grosso0 ↩︎
  • 4
    Dividimos en tres grandes grupos las consultas de parejas solo a modo didáctico, sabiendo que dejamos por fuera cientos de singularidades. ↩︎
  • 5
    Término utilizado por Brigitte Vasallo: “El relato idílico del amor hace que nadie reconozca lo tóxico de sus relaciones”, aboga por la aniquilación del pensamiento monógamo para evitar las violencias herencia “del amor Disney”. https://www.lamarea.com/2018/11/03/brigitte-vasallo-relato-idilico-amor-toxico-relaciones/ ↩︎
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