Todo lo demás fue paisaje

Iba pensando en que las mariposas se hacen todas las weonas, si en el fondo eran esa larva no más, para qué, tanto jugo con las alas y tanto color con las flores, me seguían pareciendo feas y bastardas y mentirosas, no un símbolo que rescatar, hay mejores ejemplos en otros insectos, o animales y plantas, como las arañas que se comen a su madre, o las ballenas que viajan en grupo, tal vez, cuando terminé de odiarlas en mi mente ya quedaba poco del caño, era una mañana típica de febrero, seca, amarilla, y muy solar, las tórtolas y los zorzales iban tarareando cosas, perros callejeros dormían bajo las sombras y la cordillera como siempre estaba cercana y azulada, brillante en vitamina D, un escupo de momia en Puente Alto.

Iba pensando en que las mariposas se hacen todas las weonas, si en el fondo eran esa larva no más, para qué, tanto jugo con las alas y tanto color con las flores, me seguían pareciendo feas y bastardas y mentirosas, no un símbolo que rescatar, hay mejores ejemplos en otros insectos, o animales y plantas, como las arañas que se comen a su madre, o las ballenas que viajan en grupo, tal vez, cuando terminé de odiarlas en mi mente ya quedaba poco del caño, era una mañana típica de febrero, seca, amarilla, y muy solar, las tórtolas y los zorzales iban tarareando cosas, perros callejeros dormían bajo las sombras y la cordillera como siempre estaba cercana y azulada, brillante en vitamina D, un escupo de momia en Puente Alto. Me preparaba para una larga escala a mierdalandia, una fila eterna para recuperar el carnet, si hay cosas desagradables, deben ser los mocos y las colas, que ganas de ahogarme ahora mismo, en más yerba, sólo pensarlo me detractaba de la humanidad, hacer un ritual satánico que acabe con todo, y para evitar a Satán, en una banquita quemé otro finoli, para aceptar tan enfermante situación. Aún faltaban dos horas para que abriera el registro civil y ya habían al menos 60 personas esperando en fila india, indignante, sería peor de lo que creía, ¿me vería obligado a poner atención en cada detalle de cualquier conversación amigable entre dueñas de casa?, sumido en la derrota, como esclavo del algodón, voy caminando al final de la fila, me abro paso con machete cuando de repente ahí estaba, ella, por su espalda brotaron paisajes, de dorados y verdes, agua rosácea surgió de manera circular, cubriendo aire y tierra, sus pelos de seguro se deslizarían a mis dedos de manera perfecta, cariñosa a los nudillos, y sedante a mi mano, en su contorno, saltaban chispitas del sol en alegría, ellos habían recorrido 150 millones de kilómetros, y terminaron posadas en tu cara, tímida, con una pequeña cicatriz bajo un ojito, los cuales arrastraron a los míos, fue a lo blitzkrieg, me atrapó de esa mirada, habló la sensación destino y trascendencia, cosquilleó por mí la intriga, y aprendía de esa retina en cada fracción del tiempo, el cual me mentía, parecía no querer avanzar, retractado de su linealidad, de su correr, deseaba vernos desde ese segundo todo lo que pudiese, perfectos y ansiosos, como a cinco centímetros del gigante castillo tapado por la niebla, me seguías mirando, yo estudiaba una carta astral, envuelta en papel celofán por atrás, que contaba en astros lo que pasaría, de como te podría amar, de tu sonrisa contenida, mejillas en color, párpados provocativos, mirabas detenida con las manos juntas, yo simplemente parado en frente, nunca supe qué hacer, ahora menos, pero nos lo dijimos, nos lo juramos, ambos lo sabíamos, y ya había pasado el tiempo suficiente que uno tiene para permanecer frente a una persona, sonreírle y tener que seguir avanzando, entonces algo de la vergüenza entró en tu rostro, igual que al mío, avanzo para ponerme atrás de ella en la fila, saboreando el glorioso momento, ¿le hablaré?, ¿por qué miraba así?, ¿por qué yo la miraba así, como si todo lo demás fuera paisaje en el lugar?, sus ojos eran tonalidad su pelo, y cuando no pudo controlarlo más, se rió, y fue hacia arriba que movió sus músculos para soltar la risa, tiernísima, le vi una radiografía al pecho, y un golpe eléctrico de anguila me azotó, miré sus piernas, pero volví a su boca, me devoré aquella sonrisa en distintas formas, primero la pensaba besar, en el cuello, y despacito tironear con los labios, agarrar y mover, piel para mi, para todas las direcciones, lamer como un gato atrás de su oreja, husmear con la lengua a ver que me provocaba su lóbulo, carnoso, saboreable. Yo hacía como que leía, algo avanzaba pero no me interesaba, estaba fijo coloreando sus cabellos, usándolos como sogas en mi cuello, o soplándolos para hacer que abanique la gravedad, me interesaba también ahondar en teorías racionales sobre quién podría ser ella, y no hablo de qué escucha, qué piensa, qué hace, me refiero a qué podría ser ella en mí, en mi vida, en mi linealidad mentirosa del tiempo presente pero sobretodo futuro y permanente, del cual gozaría si pudiera tocarla, y morder sus pezones cada mañana, o apenas rozar con mis uñas desde muslos hasta rodilla, junto a un “buenos días”, bajando y subiendo, quiero que tu piel se vuelva de gallina cada vez que estés conmigo, que aquél escalofrío sea verdadero y mutuo, increíblemente cálido, que no hable sino grite secretos, y no quede nada oculto entre los dos, me refiero a la trascendencia, del día a día, ¿tú lo escribes o él te sitúa a ti?, en su supuesto mapa donde todo está decidido, firmado, o una serie de situaciones favorables, como cada minuto que empeñamos en llegar tarde para la fila, cada paso lento, y sin embargo ahí estaba ella, que quizás qué sucedió, pero está aquí en estos instantes, y ahí estaba yo, feliz y nervioso, maravillándome con su esencia. Es la segunda vez que se da vuelta y me mira, caí en cuenta que ella trataba de ver qué leía, además, una mirada mucho más reservada a mi cara, la cual le mentía y hacía como que leía tranquilamente, entonces, ella está en el mismo proceso que yo en este momento, se pregunta que leo, se pregunta cómo llegué acá, tal vez quién seré para ella, o quién es ella para mí, y la ventaja es mía, tiene que voltearse pa mirar, y eso la deja muy expuesta, no creo que se arriesgue tanto, lo vuelve a hacer, increíblemente lo vuelve a hacer, me asedia la duda, atrinchado en el momento, esta vez yo sostengo el libro de una manera distinta, para que pudiera ver, leyó la portada, yo leí sus intenciones, me miró descaradamente a los ojos, nuevamente y me invitaba, quería charlar a pupilas, a cautelosos pestañeos, manejados selectivamente, con profundidad y verdad, la severidad de una mirada sincera, nos probábamos mutuamente, hasta lo más austral, a lo más recóndito, definitivamente sí, ella quería saber de mí y ¿qué se preguntaba ahora?, ¿hundida como yo en su mente sensitiva?, la convención social sostiene que yo debo iniciar la conversación, maldito patriarcado, la apertura, el momento difícil y extrañamente clímax del comienzo, se supone que la gente decide en dos minutos, dos minutos si es que cogería con tal persona, yo en el primer segundo supe que deseaba ser totalmente suyo, entrego valor a mi cuerpo, lo pienso, le voy a hablar, es mi oportunidad, lo sé, lo lograré, el tipo del registro civil ya estaba entregando los numeritos, la fila pronto se disolvería, no voy a dejar pasar esto, no y no y no, si es que le entrega el papel y se va, apenas agarre el mío iré tras ella y no sé qué haré, pero le diré hola por lo menos, grandes situaciones, se hacen a enorme coraje, e increíblemente aunque toda la gente se disipaba de la fila, ella se mantuvo ahí, te quedaste, inquieta en el mismo lugar, mirando a la izquierda, luego para el otro lado, yo también ya tenía el numerito, seguía tras de ti, y me percato que hay una banca al lado, una epifanía llegó a mi mente, supe de inmediato que si me sentaba, la chica no lo haría e inmediatamente se iría, no lo puedo arruinar, sí, probablemente se siente para ver su mochila, y rápidamente reflexioné qué haría yo, me hago más el weon, desentendido, ella, al lado de la banca, aún en el aire, aún indecisa, ¿tomará el llamado del destino?, mira la banca y creo que sí, ¡SÍ!, se sienta y abre la mochila, una energía interna brotó desde los talones y subió como géiser, pelotas de ping-pong rebotaban rápidamente dentro de mí, tambores rugían y rasgaban la carne, de impulsos más que pensamientos, en deseos intuitivos evocando ilusiones, me siento a su lado, miro al cielo antes, llegó el momento, ¿podré encararla bien?, “Hola” – le dije-, medio atemorizado, ¿qué pensara de mí?, ¿la estaré incomodando?, se sacó los audífonos torpemente, lo más veloz que pudo, miró mis labios, subió hasta mis ojos, y en conjunto con una sonrisa me dijo: “¡Hola!, ¿oye, queris fumar?” y sentí como que algo derrumbó hasta mis intestinos, mis pies se movían por el terremoto que dejó, y apenas pude tomar el aire de mi alrededor. Creo que ya me conquistó.

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