La lava de mi lámpara

Vivíamos en un séptimo y sexto piso del centro, en un gran PH tipo conventillo. Las únicas banderas del lugar eran la ropa esperando al sol que la seque. A veces, los perritos para tender rodaban sobre el techo hasta perderse en el tragaluz. Era atrapante ver como giraban y rebotaban por el zing. Imposibilitados de hacer otra cosa que bajar, golpe tras golpe, para encontrar de repente el abismo en frente de ellos. ¿Sabían acaso que solo un mal movimiento los haría caer en la ruina? Y así estábamos varios en ese lugar, rodando para todos lados, sin pensar en que quizá, al final de todo eso, se encuentre irremediablemente la gran caída.
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