Las flores azules

Una flor, un color y un sueño se encuentran y preguntan sobre el recuerdo de alguien, sin saber quién. Un campo de flores que crece y perece durante el eterno retorno de las estaciones trae imágenes, sabores, recuerdos y preguntas por algo que no podemos tocar. ¿Es que acaso lo que retorna es el resto de una percepción de algo de lo que perdimos? Desde Paraná, Luciano Ramos nos comparte un relato a la manera de un collage que a partir de unas flores y su color azul se repleta de aproximaciones que al intentar acercarse siempre terminan por alejarse, al modo de un sueño repleto de imágenes que no siempre se encuentran entre sí.

 

“Es el mundo el que es estable y el contingente eres tú, 

el que no es nada sin su entorno”

“El viento te hecha el pelo hacia atrás y eres recibido 

por aquello que nunca antes habías visto”

“Sócrates dice que puedes conocer lo desconocido porque lo recuerdas. 

Ya conoces aquello que te parece desconocido; 

ya has estado aquí antes, solo que cuando eras otra persona”

Rebecca Solnit

 

Un campo poblado de flores azules. Crecen por todos lados. Crecen dentro de tu habitación, en el piso de tu cocina, en la mesa, alrededor de tu cama. Crecen alrededor tuyo y adentro mío. Crecen en la tierra del sueño, en la noche a la hora de dormir. O, mejor dicho, aparecen en un sueño en una noche en que intento dormir. Sostengo la importancia de pronunciarlo en singular y no bajo la forma de las generalidades en que las contingencias pierden su razón de ser. 

El encuentro con la mirada y los ojos de lo desconocido me provocan la escritura y después me llevan una noche al mundo onírico. Me haces acordar a alguien pero no sé a quién. Contingencia. Inicia una secuencia de asociaciones libres. Asociaciones encerradas, guardadas o sepultadas. Más que libres, son liberadas por el impacto de ese mirar de lo desconocido pero recordado ¿Es un recuerdo acaso torcido? 

Con-tingente o sin-tingente, sobreviene una tangente. De acuerdo al diccionario: tangente. 1. Adjetivo. Que toca. 2. Geometría. Dicho de dos o más líneas o superficies: que se tocan o tienen puntos comunes sin cortarse. 3. Geometría. Recta que toca a una curva o a una superficie sin cortarlas.  

En esta escenografía armada por los arquitectos de restos diurnos, se levanta un telón y muestran un fondo de acuarela con machas azules desparramadas sobre un lienzo. Cuadro. Pintura. Hay un cuadro adentro de un cuadro. Hay un cuadro hecho con piezas de un rompecabezas. Rompe-cabezas. Cabeza que se rompe. Hay una habitación adentro de un edificio. Y un edificio adentro de una ciudad. Y una ciudad adentro de otra. Y así, un caleidoscopio infernal. 

Un entorno estático, un mundo inmóvil pero a la vez ruidoso y veloz. Un mundo del que Alejandra me dice que espera ser desenterrado por el lenguaje. “Alguien canta el lugar del que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa” (Pizarnik, 2016, p. 283)

En esta geometría predomina el color azul. Las manchas que parecen salpicaduras de pintura son flores azules, delicadamente azules. Flores como enredadera. Es una habitación con una pequeña ventana que de repente comienza a poblarse de flores azules. Inundan la cama, la mesa en donde hay un vino y dos copas, se esparcen por el suelo y las paredes. Las flores hacen una tangente. Se entrometen en toda la geografía. Hay un camino de tierra en donde crecen alrededor y más adelante hay un campo donde parece que las ha sembrado el viento o son la creación de Dios. Durante semanas busco en internet flores azules. Ninguna es la del sueño. Hasta que un día las encuentro en un descampado en las afueras de la ciudad. Otra contingencia ¿Otra contingencia? Esas flores siempre están ahí, nacen y mueren y vuelven a nacer en el mismo lugar ¿Soy yo el efímero y no la flor? 

Les saco varias fotos. Las reconozco, en algún lugar las he visto pero no las puedo recordar. Son como los ojos y la mirada de quien veo por primera vez y me recuerdan a algo que existe desde antes. Me haces acordar a alguien pero no sé a quién. 

Gianni Rodari utiliza la metáfora de la piedra en el estanque:

Una piedra arrojada en un estanque provoca ondas concéntricas que se expanden sobre su superficie, afectando en su movimiento, a distancias variadas, con diversos efectos, a la ninfa y a la caña, al barquito de papel y a la canoa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su lado, en su paz o en su sueño, son como llamados a la vida, obligados a reaccionar, a entrar en relación entre sí. Otros movimientos invisibles se propagan hacia el fondo, en todas direcciones, mientras la piedra se precipita removiendo algas, asustando peces, causando siempre nuevas agitaciones moleculares. Cuando toca fondo, agita el lodo, golpea los objetos que yacían olvidados, algunos de los cuales son desenterrados, otros a su vez son tapados por la arena. Innumerables acontecimientos o miniacontecimientos, se suceden en un tiempo brevísimo. Quizás ni aun teniendo el tiempo y las ganas necesarios sería posible registrarlos, sin omisión, en su totalidad (Rodari, 1995, p. 9)

Finalmente, las flores azules tienen un nombre. Alguien las ha identificado, clasificado, observado y descripto. Les han atribuido ciertas características vinculadas a la sanación y a la alimentación. Las han llamado cichorium intybus. La flor de achicoria silvestre. Flores azules que crecen mirando al sol, como los girasoles. Ensalada de achicoria, la que mi abuela le preparaba a mi abuelo como entrada en las comidas. Ensalada amarga, agria por el limón. Hojas de achicoria que brillan en el plato embardunadas por el aceite de maíz. 

Las flores azules invaden varios sueños así como las habitaciones, los campos, crecen y se multiplican como una plaga. Me siento en el pasto apoyando las manos por detrás de la espalda, extiendo mis piernas y me recuesto sobre ese colchón de hierbas. Miro hacia un lado y las veo crecer. Son las flores más hermosas que existen, me traen infinita belleza, calma y paz. Y a la vez son el paisaje más triste del mundo. Tristeza y belleza se tocan en una curva sin cortarse. Tangente.

Un domingo a la mañana reviso los libros que tengo, la biblioteca ya tiene poco espacio. Llueve esa mañana. Un libro desacomodado del resto del orden se asoma entre los demás. Secuencia de asociaciones liberadas: me haces acordar a alguien pero no sé a quién, rompecabezas, flores azules, desacomodar. En vez de acomodarlo con el resto me pongo a leerlo. Es un libro que me regaló una amiga para un cumpleaños hace dos años, cuando cambié de década. 

Leo con intensa conmoción: 

El azul de la distancia. El mundo es azul en sus extremos y en sus profundidades. Ese azul es la luz que se ha perdido. La luz del extremo azul del espectro no recorre toda la distancia entre el sol y nosotros. Se disipa entre las moléculas del aire, se dispersa en el agua. El agua es incolora, y cuando es poco profunda parece del color de aquello que tiene debajo. Cuando es profunda, en cambio, está llena de esa luz dispersa; cuanto más pura es el agua, más intenso es el azul. El cielo es azul por la misma razón, pero el azul del horizonte, el azul del lugar donde la tierra parece fundirse con el cielo, es un azul más intenso, más onírico, un azul melancólico, el azul del punto más lejano que alcanzas a ver en los lugares donde puedes abarcar grandes extensiones de terreno con la mirada, el azul de la distancia. Esa luz que no llega a tocarnos, que no recorre toda la distancia hasta nosotros, esa luz que se pierde, nos regala la belleza del mundo, que en gran parte está en color azul (Solnit, 2023, p. 29)

¿Cuál es el lenguaje que se ha desacomodado? ¿Qué mundo espera ser desenterrado? Como el agua pura, el olvido es de color azul pero el recuerdo es de color azul intenso. 

Desde hace muchos años me conmueve ese azul en el extremo de lo visible, ese color de los horizontes, de las cordilleras remotas, de cualquier cosa situada en la lejanía. El color de esa distancia es el color de una emoción, el color de la soledad y del deseo, el color del allí visto desde el aquí, el color de donde no estas. Y el color de donde nunca estarás. Y es que el azul no está en ese punto del horizonte del que te separan los kilómetros que sean, sino en la atmósfera de la distancia que hay entre tú y las montañas.  (Solnit, 2023, pp. 29, 30)

Hablo con otra amiga y me dice que las flores tienen que ver con el tiempo, con la temporalidad. Temporal, tormenta. En un costado de mi cuerpo tengo el tatuaje de una flor. Otra tangente. Algo que toca en el cuerpo. “Ojos de horizonte”, un poema que escribí una vez: 

Tormenta.

Que pasa con el suspiro del corazón.

Relámpago.

El horizonte está perdido.

Hecha trizas mi cabeza.

Agua de vapores y otro suspiro.

El horizonte oscurecido, bocanada de aire.

Gotas desde el cielo suben más arriba, no tocan mi piel.

Caricia que me da la sonrisa más arriba del espectro cielo nocturno.

Quiero sonreír.

Acotado en todos los modos en que el goce es posible de vivir.

Soñar un cuadro de acuarela gris y trazos negros.

Mis ojos penumbra.

Mis brazos quemados de abrazos que envolvieron mi cuerpo todo.

Ahora tormenta destierro.

El alma desciende más abajo de mis pies.

Cansado de saltar el deseo de agarrar el sol.

Buscar mi nombre.

Los detalles indescriptibles del rostro y soltar lo que cae 

y me aplasta la voluntad de reír y sonreír de la desgracia.

Horizonte perdido en el relámpago que quiebra el iris de mis ojos mojados.

Temporalidad, como dice Freud en “Lo perecedero”. Freud discute con su amigo poeta la idea de que lo perecedero de la belleza conlleva su desvalorización. 

En lo que atañe a la hermosura de la naturaleza, tras cada destrucción por el invierno ella vuelve al año siguiente, y ese retorno puede definirse como eterno en proporción al lapso que dura nuestra vida. A la hermosura del cuerpo y del rostro humanos la vemos desaparecer para siempre dentro de nuestra propia vida, pero esa brevedad agrega a sus encantos algo nuevo. Si hay una flor que se abre una única noche, no por eso su florescencia nos parece menos esplendente. (Freud, 1914/15, pp. 309, 310)

Si hay una flor que se abre una única noche, no por eso su florescencia nos parece menos esplendente. Las flores azules se abren cada noche en un sueño y se cierran al despertar. Envuelven y rodean un cuerpo, lo acompañan. Como los ojos que se abren y se cierran cuando los busco en una mirada ¿Puede un duelo comportar algún tipo de belleza?

Unas últimas asociaciones se liberan. Mis brazos quemados de abrazos que envolvieron mi cuerpo todo. Me haces acordar a alguien pero no sé a quién. Las flores azules se abren de noche. El viento te hecha el pelo hacia atrás y eres recibido por aquello que nunca antes habías visto.

En el libro desacomodado que me regaló una amiga para un cumpleaños, fecha de un nacimiento y de una muerte a la vez, marco una nueva cita: 

Incluso cuando tienes delante a esa persona, hay algo de ella que permanece increíblemente lejos: cuando te acercas para abrazarla, tus brazos rodean el misterio, lo incognoscible, aquello que no puede poseerse. Lo lejano impregna incluso lo más cercano. Al fin y al cabo, apenas si conocemos nuestras propias profundidades (Solnit, 2023, p. 31)

¿Será el azul el color de esa profundidad?

 

 

 

Bibliografía 

Freud, S. [1914/15] (1992) Lo perecedero. Obras Completas. Vol. 14. 4ª reimp. Amorrortu editores.

Pizarnik, A. (2016) La palabra que sana. Poesía completa. Ed. Lumen S.A

Rodari, G. (1995) Gramática de la fantasía. Ed. Colihue.  

Solnit, R. (2023) Una guía sobre el arte de perderse. 1ª. ed. 5ª reimp. Editorial Fiordo.

 

 

Luciano Ramos1Licenciado en Psicología (FHAyCS-UADER) Esp. en Salud Mental (RISaM Paraná-Entre Ríos) Diplomado en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas (FLACSO) Esp. en Ciencias Sociales con mención en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas (FLACSO) Docente universitario (FHAyCS-UADER)

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    Licenciado en Psicología (FHAyCS-UADER) Esp. en Salud Mental (RISaM Paraná-Entre Ríos) Diplomado en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas (FLACSO) Esp. en Ciencias Sociales con mención en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas (FLACSO) Docente universitario (FHAyCS-UADER) ↩︎
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