El último tiempo me he encontrado con muchas publicaciones -mayormente en redes sociales- de personas ligadas de algún modo a lo psicoanalítico escribiendo sobre cuestionamientos a diversos elementos de su ética, teoría y técnica, tales como la neutralidad, su lugar en la ciudad y los extra-muros, su incidencia política (o no), su relación y relevancia con la cultura, sobre si es posible o no su relación con otros discursos, sobre los traumatismos, sobre sus silencios, el lugar que tiene en las instituciones y su formación, sobre qué puede decir el psicoanálisis sobre cualquier cosa y así se podría seguir con un largo etcétera.
Creo que muchísimas personas estaríamos muy de acuerdo en que muchas de estas son cuestiones que sin duda hay que cuestionar, discutir y pensar por lo profundamente necesarias que son. Sin embargo, quisiera plantear mi disgusto o preocupación cuando hay algo de esto que se transforma en cierto estandarte o categoría que da cuenta de cómo se debiese hacer psicoanálisis al modo de lo que, en algún momento, se popularizó con las banderitas verdes y banderitas rojas, pudiendo tener incluso un tinte persecutorio, a modo de una politzia -¿del pensamiento?- de quién tiene más banderitas verdes o cumple con aquel ideal1Pareciera que no podemos escapar tan fácilmente de las costumbres más viles del neoliberalismo. ¿Será, en algún punto, relevante ocupar todo el tiempo en discusiones como esta que muchas veces se dan vueltas sobre sí mismas? Como ocurre con los síntomas cuando una y otra vez se retorna al mismo lugar. Algo de esto también podemos verlos en distintos espacios de la izquierda2Es el ejemplo que tengo a mano, en la derecha todxs se visten igual. donde la discusión se convierte en ¿quién es más de izquierda? -muy parecido al meme de esos tres spidermans apuntándose entre sí sin saber cuál de todos es el real-, como si, al mismo tiempo, fuera una pelea por ocupar la imagen especular del espejo de Lacan ¿en qué momento se volvió más importante estar más blindadxs que el cuidado de nuestrxs pacientes? Como si algo del psicoanálisis se hubiese transformado más en un ser que en un hacer.
Trabajamos en contra del discurso del amo (en la clínica hablaríamos del síntoma) e, irónicamente, las discusiones se transforman en cómo podemos convertirnos en uno, yo creo que aquí Freud, Lacan y Foucault se reirían apretándose la güata. Terminamos atrapados en un síntoma que, al final, no nos permite pensar ni actuar en cuestiones que contingentemente son profundamente necesarias.
Desde hace poco más de una semana comenzó a circular una denuncia de una ex paciente de quien fue miembro del directorio de una reconocida institución psicoanalítica de Chile producto de situaciones abusivas y repudiables dentro del espacio terapéutico. Creo haberme encontrado y compartido junto a otrxs compañerxs una profunda sensación de dolor, confusión y desesperanza frente a una escena que nos interpela muy de cerca como trabajadores de la salud mental que cuidan y acompañan a otrxs, como personas que somos parte de espacios de formación, como pacientes y como también lo han sido o pueden serlo nuestrxs hijxs.
¿Qué hacemos ante el silencio? ¿Qué hacemos ante esa vía institucional que muchas veces margina a quienes no pertenecen a ella? ¿Qué tan necesario es que sepamos más de la víctima y no del victimario? ¿Puede haber algo más confuso y horroroso cuando lo que te debiese de proteger te ataca? Bion hablará sobre el concepto de arrogancia como un modo de cerrar/obturar cualquier posibilidad de pensamiento o, como dirá en su teoría del pensamiento, hacérselas con un aparato que permita pensar los pensamientos. Cuando el panorama es estar persiguiéndonos y volvernos profundamente arrogantes, hay algo de esto que queda en un lugar necesariamente no pensable, transformable ni digerible.
Cruzando unas breves palabras con una colega, ella me decía que era el momento de poder cuestionarnos el poder y la violencia que portamos en potencia. No podemos olvidar lo sensible y delicado que se pone en juego en nuestro trabajo con aquello donde más duele, con una vulnerabilidad donde quienes confían en nosotrxs nos traen cuestiones que muchas veces todavía no pueden ser pensadas ni pensables, que muchas veces buscan ser sostenidas y acogidas. Es momento que podamos pensar, conversar, discutir y hacer para que dejemos de idealizar espacios y sujetos -al modo más kleiniano posible- donde la violencia aparece como si fuera algo que nos toma por sorpresa, pareciendo que también se nos vuelve más sencillo hablar del psicoanálisis que de eso que se supone que hacemos lxs que pensamos y trabajamos con el psicoanálisis, en ese sentido ¿cómo será que nos interpela ese silencio cómplice que trae consigo el horror?
Ante toda esta confusión no me quedan más que preguntas, tales como ¿sobre qué vamos a terminar hablando? -si es que lo hacemos- ¿Al más vergonzoso estilo sobre preguntarse si acaso era una erotomanía? ¿sobre una víctima que se pone en posición de ser abusada? ¿Es que acaso podemos hablar de transferencia, de perversión e incluso de desmentida como si fuera algo que está fuera, como si fuese algo que le pasa a nuestrxs pacientes y al resto de sujetos comunes que está por allí en la vida en la cultura? ¿Acaso eso que parece la peor caricatura del reflejo de la luna en el espejo –como consejo técnico de Freud- nos hace inmunes e indemnes?
No somos jueces ni detectives, creo que hay que recordarlo para que así no se nos pervierta el juicio ¿o acaso vamos a convertir a las víctimas en culpables?
Mucha politzia, poca elaboración.
Cabrxs que reconfortante poder leerles y ver como se pronuncian frente a hechos que pareciera que estamos acostumbradxs a macerar tanto tiempo en ciertas reflexiones -y que cuestan porque incomodan, indigestan- pero en la dificultad dejamos de compartir nuestras reflexiones, dolores, tensiones, y llegamos desfasadamente a una posibilidad de encuentro.
¿Cómo hablar correctamente? ¿Cómo tensionar un aspecto tan transgresor sin que pase a llevar los limites de quien fue afetadx? y que importante precisión poder puntuar que todxs somos partes de lo que esta ocurriendo, no estamxs afuera.
Tenemxs que seguir cuestionándonos las lógicas de cuidado, las relaciones de poder, entre tantos otros aspectos que nos atraviesan.
Saludxs fraternos!