Quiero hablar del Capitalismo y sus embajadores. Esta generación de artistas actuales que dominan las plataformas. Artistas, sí, porque como dijo Andy Warhol, “el mayor arte es el arte de hacer dinero”.
Resulta muy esclarecedor ver a la luz de la obra de Warhol el comportamiento capitalista que se mueve junto al desarrollo de estas carreras artísticas que tanta repercusión tienen. Este artista, máximo representante del pop art, fue el primero en producir y reproducir el arte, llevando la obra a un producto replicable, concretamente con la Cambell’s soup can, cuando comenzó a usar la serigrafía como técnica. Con Warhol el arte ya no se crea, el arte se fabrica. Pensemos que Quizás fuese complicado en los 60′ vender una obra de arte por 50.000€, pero quizás podrías montar una cadena productiva y vender 50.000 piezas de arte por un €. De ahí la excelente frase de Andy.
La importancia de representar objetos populares es otra directriz en la revolución que Warhol trajo al arte, como por ejemplo la icónica fotografía en negativos coloridos de Marilyn Monroe. Algo parecido ocurre está música que tiene un fetiche en torno a elementos vinculados al éxito económico. La jeepeta. El lambo. Hennesy. Luis Vuitton. Miami. París. Palabras claves que articulan el discurso bajo la predominancia del consumo. Desolador me parece que este tipo de contenidos ‘pegue’ en contextos donde el poder adquisitivo tiene como característica principal la limitación.
A mi parecer el panorama musical mainstream occidental actual trae la variante de mercadear con el deseo consumista (y sexual) teniendo una atención e influencia exagerada, cuando la música real tiene por tarea invitar a la liberación, liberación que se halla en el sentir y no en el desear. Porque así como para vender tiene que haber un comprador. Para que hayan ricos debe haber pobres, y para que suene tal tiene que haber un millar de jóvenes deseantes de su vida.
Hoy más que nunca la travesía por lograr la buena salud mental es una expedición punta y codo entre fuego abierto, ya que hay que realizar mucho esfuerzo para movernos protegidos de las amenazas a las que estamos constantemente expuestos. Está en la calle. Está en internet. Está en la música. Está en la televisión. La promoción del deseo y la promesa del placer inmediato. Ya que al igual que el adicto no puede dejar la droga que causa su sufrimiento, cuánto cuesta soltar el teléfono y dejar de ver esas vidas geniales. Qué bien suena esa canción que no dice nada liberador ni inteligente. Y qué bien sabe esa comida ultraprocesada que socava nuestro bienestar. Para mi la cuestión es simple, la vida es sufrimiento y el sufrimiento es provocado por el deseo. Lo aprendí de Lisa Simpson cuando hizo referencia a una de las enseñanzas del budismo. Al menos yo me resisto a padecer la miseria de que sea el capitalismo quien administre mi deseo y se convierta en el creador de mi sufrimiento.
Por razones relacionadas al business de la música ahora lo que se busca es aplicar la estrategia, invertir en el producto y obtener ganancias. Emparentada con la fastfood y fastfashion ha llegado la fastmusic. ¿En qué otras áreas de la vida estaremos viviendo el fenómeno fast?
Música y deseo
A mi parecer el panorama musical mainstream occidental actual trae la variante de mercadear con el deseo consumista (y sexual) teniendo una atención e influencia exagerada, cuando la música real tiene por tarea invitar a la liberación, liberación que se halla en el sentir y no en el desear.