A propósito de cuestiones antiguas, pero muy vigentes, estuve acordándome del fervor que se sentía en ciertos grupos de nuestro país a propósito del resultado de las últimas elecciones presidenciales del 2021 en Chile, donde el candidato de ultraderecha José Antonio Kast perdía ante el actual presidente de Chile.
Ese entusiasmo que traía consigo -en apariencia- no sólo ciertas ansias y añoranzas de victoria que venían de la mano con un proyecto que -en teoría- se presentaba a sí mismo como transformador, el cual se venía impulsando junto a una propuesta de lo que sería un -sabemos, ya fracasado- nuevo texto constitucional en reemplazo de la constitución del tirano. Sino que también el entusiasmo de esa victoria trajo consigo cierta sensación de alivio porque aquello a lo que hacía frente –la ultraderecha– era, es y será un proyecto vil y cruel que por esencia se define como autoritario, donde por decreto la diferencia siempre está en peligro.
Aun así, ya habiéndose aprobado a través de elecciones que la nueva constitución sería redactada por la convención constitucional y que esta haya entrado a tramitación (por ahí algo se supo de lo realitesco del primer proceso), el texto final se rechazó por una amplia mayoría sobre la opción del apruebo.
Pero para no entrar en más detalles engorrosos, que sin duda ya mucho sabemos de ellos, quisiera referirme a ciertas cuestiones que en sí mismas me causan y causaron cierto repudio -y no extrañeza- en ese entonces, acordándome de ciertas ideas de Paulo Freire cuando retrataba una educación que convertía a los oprimidos en opresores -muy distinto a la propuesta que él sostenía en su pedagogía del oprimido-, cuando veía ciertas frases que en el imaginario podríamos estar más acostumbrados a pensar como pensamientos propiamentede derecha, tales como que el pobre es pobre porque quiere (a.k.a. le dicen meritocracia), por nombrar sólo uno. Sin embargo, lo digo con mucha desesperanza, se volvió muy común encontrarse en redes sociales personas que iban por la opción del apruebo roteando a los sectores populares, con comentarios como “Si tan sólo hubiese la oportunidad de cambiar la constitución que permite esta injusticia… Eligieron y cagaron. Salud!”; “Hay que mantener las tradiciones total… agua tenemos de sobra”; “Creo que deberían dejarlos así como están… pero sin camión aljibe y chao!”; “Yo tengo agua tú tienes agua y filo con el resto… esa es la onda ahora o no?”. Y lo digo con desesperanza porque es esa misma cara progresista (pensando que el frente amplio cómo lo conocemos también surge a partir de un conglomerado de distintos partidos políticos universitarios con distintas tendencias de izquierda) es la que tiene los recursos, la educación, el tiempo, los espacios y las condiciones para siquiera sentarse a pensar que el pobre no es pobre porque quiere, sino porque se produce, y aun así con su roteo lo terminan obviando y a la vez negando porque al pobre -parece- le gusta empobrecerse, precarizarse y ser también objeto de abusos.
En esa misma línea, otra Imagen que circulaba por ahí decía “A veces pienso que esta gente no se merece que me lea entero “el capital”” y desde ese momento ya no entiendo de qué trata ¿debiésemos acabar con el ninguneo moral e intelectual? ¿o acaso ya no? ¿se lee el capital con motivo de adentrarse en comprender la sociedad de clases o por puro esnobismo intelectual?No hay nada nuevo bajo el sol si hablamos de los bajos índices de lectura que existen en Chile, incluso, en enero de este año salían los resultados de un estudio que indicaba que el 60% de los estudiantes de segundo básico estaría bajo los niveles de comprensión lectora esperados para su edad (no todo es culpa de unx ¿o sí?). No hay que olvidar que no todo el saber es el universitario ni todo saber se transmite a través de libros, revistas, columnas o documentales ¿o acaso nos olvidamos de las costumbres que se transmiten a pura voz? ¿o con el canto de los Queltehues que se acuerdan de avisarnos que viene la lluvia?
Ese roteo es el mismo que parece olvidar que en Chile la precarización muchas veces se vuelve una norma, la misma que hace que cualquier trabajadorx sea reemplazable por otrx que cobre menos o que salga mucho más barato (¿Aló, Elí? O Aló ¿subcontrato?). Es esa misma precariedad que revolotea por ahí causando temor a lxs mismxs que son roteados desde las trincheras de la certeza, donde hablar de esto puede convertirse en material de estudio en el cual se ha podido constatar a través de un rigurosísima metodología que el chileno es bueno pal webeo.
Es esa misma moralidad progresista la que muchas veces desconoce eso que le llaman muestra o sujeto de estudio por fuera de esa situación artificiosa; la misma que exige y propone un sinfín de mandatos de lo que podríamos llamar un bien-decir que, por no exagerarlo tanto, no está muy lejos de lo que Orwell llamaba la policía del pensamiento o de las fantasías persecutorias que traía consigo el pecho malo de Melanie Klein; la misma que muchas veces se ha visto beneficiada de un neoliberalismo donde cada quien se salva solx -pero, ya sabemos, que no todxs se salvan por igual-.
Mientras escribía este texto escuché un chiste de Luis Slimming que promocionaba una “sal republicana, para la mesa del chileno… sal de mi país, sal de Chile, sal de mi Patria, sal republicana con más sodio que nunca”. Andar roteando no creo que ande muy lejos ¿o sí?
No hay brecha que cierre: la movida progre de rotear al pobre
Es esa misma moralidad progresista la que muchas veces desconoce eso que le llaman muestra o sujeto de estudio por fuera de esa situación artificiosa; la misma que exige y propone un sinfín de mandatos de lo que podríamos llamar un bien-decir que, por no exagerarlo tanto, no está muy lejos de lo que Orwell llamaba la policía del pensamiento o de las fantasías persecutorias que traía consigo el pecho malo de Melanie Klein; la misma que muchas veces se ha visto beneficiada de un neoliberalismo donde cada quien se salva solx -pero, ya sabemos, que no todxs se salvan por igual-.