En mi cañería

En un viaje profundo e introspectivo -como si hacia los interiores se tratase-, este cuento ofrece un viaje en descenso hacia un mosaico de pensamientos, recuerdos y emociones . En un lenguaje poético, metafórico y a veces callejero somos acompañados por bosquejos de un estado inquieto.

Uno siempre busca el enemigo, ¿se acabaron que seré yo?, después de la victoria la paz queda atrapada en bruma, y no veo más que mis manos; mi condena es reclamada y caigo ante brazos que jalan al final, al fondo, caigo al tope, donde el agua es negra y oscura arena cubre mis pies. Dime qué hacer, cuando estás en tu manto embrionario, fetal y flotante, esa especie de santuario aún resguardado de aquello que lo ensucia, que lo intenta desfigurar, y sobre tu cabeza se forma una resina que hunde tu nuca, están intentando entrar, el peso se acumula y hace más grande las horas, más deseado ese silencio; una montaña que se levanta susurra y toma parte de mi mente, a martillazos se abre paso, todo fuera de mi irreductibilidad luce negro, abochornado, lejano, todo se perdió en el horizonte oscuro y esa presión en la cabeza que me hunde, que gira, toma parte de mi mente, la resina me cubre por completo y me recrimina, calo fuerte del caño, pareciera que el tiempo fuera un gusano rascándose los pies, y al resbalar por mi eligiera morder en el momento exacto, el recuerdo ese, que se aprisiona en mi pensamiento, suelta ancla y agrega más peso, hundirme, la montaña me sepulta y más tierra y más presión, por su inmensidad recorre un eco asesino, un llanto, un hecho que ocurrió y nunca debió ser, sin embargo es, y en ese laberinto que te dejan, enganchado de las raíces más peludas, beberán tu agua, atormentaran con tormentos, quedara tu ser interior profanado, violado, tu ser propio del más más adentro, aquel que el tiempo no maraña a pesar del clima, aquel que sostuvo entre palafitos tu vida mortal, y escondido entre tu carne, deseos y pensamientos, es ahora violentado por aquellos recuerdos que te cazan, y te echan más resina, solo un poco de fuego para arder, oscilarán mis llamas y como candelabro de ideas nefastas quedan iluminando la perpetuidad de los hechos a través del tiempo, de la injusticia de creer en la justicia y ser educado entre ideas de amor, de idealismo, y en esa jaula eterna que te encierran donde sabes que no existe lo que crees, donde tu mundo propio llega al hecho de que existe otro mundo, donde pasa y transcurre todo, otro mundo donde no ejerces voluntad sobre la materia, otro mundo donde no importa como es tu mundo, y cuando eso pasa colisionan los titanes, big-bang para tu ser, la realidad de este mundo es tan grande e inmensa que quedas avasallado por ella, perdido entre tu mundo propio y el mundo de hecho, ahí empieza a fallar tu Dios interno, a él, a quién todo le creíamos y todo le debíamos, todo lo sabía y podía resolver, ahora tú eres la montaña y nos rodean las piedras, frías, nos recuerdan que es lo que debimos hacer, gritan malévolas, se burlan, piensas nuevamente en qué hubiese sido mejor, reconstruyes tus heridas, observas nuevamente aquellas costras ya sin pelos, y para socavar esas yagas que pareciera volver a estar aún frescas, cubres con magma tu centro fetal, tu más profundo intestino, para consolar las ganas de vivir en idealismo, y libertad. Todo sigue oscuro. No hay interruptor. No tengo encendedor. Aquí solo existe un Pangea de recuerdos, pensamientos, ideas; todas ellas se elevan y descienden frente a mí, dentro mío, floto entre ellas, se atan unas a otras a los yo eternos, a mi ser rasgado por el tiempo, a ese interior que ha sido modificado por la experiencia, por la tristeza, por el amor, pero que sigue manteniéndose, indeleble, casi intacto entre transmutaciones; ahora soy cuatro, y en cada uno de mí habitan ideas principales de épocas de mi vida, sentimientos que como tsunamis regaban mi pecho, y que corresponden a todos mis yo que atravesaron esta vida; ¿qué es lo que quedó de cada uno?, pareciese ser que siempre fue lo mismo, casi, quizás, siempre estuvimos peleando contra la misma hidra, y nosotros también fuimos una, cada vez que lográbamos cortarle el brazo al destino, pareciese llegar otra cabeza, más furiosa, más violenta, que acumula más ira que con la que ya estaba, solo suspiró y volvió frenética, entonces nos cortan la cabeza, nos degüellan, quedamos entre vísceras tendidos por el piso, pero volvemos a parecer, ahora con aires de superación, de finalidad, te crece la cabeza, y crees que con ese sablazo será suficiente para ganar la batalla; no; y volvemos a ser más, yo y todos mis yos, cambiados como energía, giran todos en torno a mi nuca, variando de elemento y de estado e incluso de colores, flúor, metal, a veces somos diamante, y con nuestro prisma nos creemos invencibles, pero entonces las costras de todos mis yo rememoran las batallas ya libradas, quizás te de orgullo, quizás odies el porqué tuviste que pelearlas, pero simplemente las contiendas llegaron, mis yo decidieron, esos caminos los transitaron descalzos y el cemento estaba caliente, nunca se imaginaron que otro yo vendría, así fueron sin saber del próximo, ni del anterior, y casi siempre, más parchado que antes, más errático en la vida, con más resina en la montaña, pero, más finalmente, el último yo por despertar.

Nadie las inventó, ellas nos dieron vida a nosotros y los tontos creamos a Dios. De inmediato olvidamos que nosotros lo creamos a él y entonces decidió subyugarlas y ató a su vientre la condena, dividió nuestra mente entre géneros, unos valdrán más para ti, por siempre serían el deseo más importante, lo más anhelado, pues podrían darte aquella felicidad eterna, aquella separación final entre mis yos para abandonarlos y formar algo superior, algo entre dos, así se dictó en mi mente, así fue como nos lo hicieron creer. La frustración, de no llegar a aquello, de emanciparme del embarazo que me deja amarlas pero no tenerlas, sí, una carga pesada a su mochila que no les correspondía, las transmutaron con carbón y las convirtieron en cosas, el más alto valor social, ¿cuánto vale una chica ‘linda’?, “vale”, “linda”, ¿cuánto deberás esforzarte?, ¿qué tendrás que hacer?, pareciera siempre solo pisarle sus sombras, y me pregunto cuántos más irán así, las pusieron en nuestra mente como seres inalcanzables, cómo acaso se podría llegar a esa suavidad prometida, tan distante, tan edénica; enseñaron que están sobre y así nos lo aparentaron, tienen en mi mundo ese control social, por ser ellas, simplemente se convirtieron en un catalizador entre libertad y propiedad privada, nos cosificamos la carne y son la más preciada mercancía, mujer, saber que tan solo un beso, cariñoso de pasión, sería la llave que podría despegarme y echar a volar la tierra que aún mantiene mi cerebro. O así se creía. ¿Por qué se miente y dice que <ellas> no son simplemente <nosotros>? Una pileta no es más que un tótem de agua, una mujer no es más que como aquel ser del yo propio, que el mundo tampoco le preguntó, fue divida entre los abismos que el tiempo fue surcando, insegura, se fragmentó entre lo que el tiempo dejó y lo que los hechos hicieron, no es más que tú, no es mayor su deseo que el de nosotros, me consuelo y vuelvo a fumar, no vale más su palabra del mundo interior sobre el mundo que comparten, con nosotros, pero pareciera que sí, ¿qué se traen?, qué nos traemos, las elevamos, creemos que sólo se llega al Valhala dentro de sus alas, cuánto desdichado pensó en la calle “si yo tuviera esa mujer para mí”, “tuviera”, “mí”, tener, yo, tú, otro, poseer, adjudicar, imposibles, cada uno es un pozo que conecta universos, cada uno está escondido dentro de su feto más profundo, y así las grietas son insostenibles dentro del mundo, de ese mundo que nos objeta lo que nos hicieron creer, de todo, de ellas, y hacen cavar en la montaña y queda siempre más tierra encima, reprochas y les reprochas por qué no fueron como le enseñaron a tu mente, o más profundamente, al deseo de tu yo más imperecedero, a veces, la resina que te presiona toma forma su figura, con tetas desnudas, sobre tu frente, imaginando y pidiendo al futuro, idealizándolas todavía, como si ellas tuvieran la culpa de lo que tragamos escuchando, como si ellas tuvieran más culpa por no frenar esto, heredando los consecutivos fallos por descubrir este mundo, y como si este nos respondiera, arrojo la cola a la Pachamama, y me entrego de ofrenda a la tierra.

Vuelvo a mi tormento, a mi casa de cartón, adentro de lo que ilusoriamente es huesos y arterias, ahí donde cubrimos lo que escondemos, del que uno cree que es uno, pero no podemos ocultarnos de todo lo que nos habla en la mente, de todo lo que nos dicen día a día como repetidora, a nuestra totalidad excavada, y giro redondo en la inmensidad del vacío, todo sigue oscuro en mi centro fetal, caótico y atruenado, me pregunto para qué la gente compra cremas y borra sus marcas, esos golpes, sus cicatrices, aquello que le rememora lo que pasó, y tallado en crudo te lo recuerda, ¿te lo saca en cara, o desea transmitir una enseñanza?, el hombre fue a dar un paseo en bicicleta, y solito metió una rama a los radios de su rueda. Me proyecto en el recuerdo, si fuera un perno probablemente sería de cruz, y si se parara el mundo en este momento, ¿qué escenas dejaría?, ¿cómo se puede seguir, y siempre se ha seguido, a sabiendas de tales cosas?, o es que acaso el ignorante vive tranquilo, y el pensativo se ahoga en su mundo día a día.

El caimán abre puertas más importantes que una llave, solo un giro de esta herramienta nos deja entrar en aquel mundo tubestico, cañerotico, que es el alcantarillado, y su microcosmos esencial para el hombre, pero invisible. La cuna de la civilización no parte con la ley del incesto, ni tampoco en nocturnas fogatas de las estrellas, donde barbones contaban sus proezas, o las de la naturaleza; el día que el sapiens dio su paso más importante fue aquel momento cuando alguna mente pensó y vio la necesidad de botar, soltar, desechar, excretar todo aquello que le producía peste, bacterias e insalubridad, enfermedad, tormento. Por ahí corren nuestros desechos en concurso para el mar, allí avanza lo que ingerimos y terminó siendo mierda, juntos y dispersos van con la corriente, ya fuera de donde alguna vez salieron, y quedas limpio de eso, de aquello que engendraste desde el estómago y como ocupante vivió en ti, entró por esos ductos y ahí finalmente te deshiciste de él, pulcro ahora y en tu ser solo y propio y en tu totalidad tuya vuelves a relucir sin cargas externas, tu centro fetal queda libre, y una avalancha remueve todo el sedimento, toda la tierra, toda la resina que te aprisionaba y hundía hasta adentro, susurrándote lo que no es tuyo, lo que no debes creer, y lo que sí. Fumo este caño y así se llama porque activa las cañerías neuronales, exhalo en blanco, me convierto en Mario Bros, descienden por mi todas aquellas agujas que me contraen, todas esas piedras que machacaban el consciente, y desde mi centro más íntimo, saludo a todos mis yos en armonía, les digo alegre que las cosas no se perdonan; simplemente se dejan de recordar, y ahí se esfuman, ahí no están más, son simplemente arena para pies descalzos, y boto esas memorias a través del humo, larga tubería de papel arroz, llévate todo esto que no me pertenece, que ya no sea más, que se vayan dóciles hasta el mar, que en él se limpie todo mi cuerpo, que en él revienten las olas y sobre la roca más alta, tenderé mi alma limpia contra el sol.

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