Confesiones de un corazón atado al cosmos

Ahora mientras tu nombre se googleé, no morirás, pero si fueras una estatua del centro, palomas cagarán tu hombro, en algún momento, inevitablemente, sobre tu pelo y en el bigote, y a la insignia del monumento, grafitis, de spray o plumón, o ambos, raramente ninguno, y para las marchas sostendrías desde la boca un pañuelo negro, así no te ahogas en Santiago, lacrimógenado, ennegrecido, entristecido como un trapeador después de primavera, colgará hasta tu cuello, y querrás gritar rebeldía, pero ellos sordos son.
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