El trauma es una vivencia que aplasta y excede la posibilidad que tiene nuestra mente y cuerpo para protegerse, representando una profunda intrusión en quienes somos.
Viene a desarticular y desestructurar, como la ola de un Tsunami que se lleva todo a su paso. Por tanto se fragmenta la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno. Hay algo que se quiebra, quedamos desregulados: nuestro cuerpo, mente y nuestras percepciones sensoriales quedan en pausa, detenidas. Pareciera como si la vida misma no pudiera seguir en movimiento, repitiendo la vivencia traumática en distintos escenarios, muchas veces sin darnos cuenta. Pero, pareciera que algo de ello viene a protegernos.
Muchas veces ese mecanismo es una autodestrucción de uno mismo, que fragmenta y paraliza como “una desorientación mental”, donde las palabras no existen, donde no se puede representar aquello que sucedió y aquello que nos hace sentir. Porque a veces a esos registros sensoriales no tenemos ni acceso.. La mayoría del tiempo el evento traumático queda flotando libremente en lo más profundo de nuestros recuerdos, pero desconectado, flotando sin lugar, sin palabras, sin representaciones; sin acceso. Sin embargo, pareciera que las huellas quedan impregnadas en el cuerpo, eso que no tiene la posibilidad de ser un registro de representación a través de las palabras, lo es en el cuerpo, en las sensaciones más arcaicas y primarias.
Por lo tanto, ¿es acaso el cuerpo un lugar de registros, donde las palabras, por el exceso, no pueden tener lugar?
Lo que sabemos es que el trauma se compone de dos tiempos, el primero, que guarda relación cuando ocurre el hecho traumático, y el segundo, es cuando se concibe la experiencia como traumática, pero para concebirla como tal, necesitamos a un otro, a otro cuerpo. Un cuerpo que esté dispuesto a escuchar, otro que permita el registro y la sanción. Necesitamos a otro que escuche, que nombre, que sostenga esa experiencia, que permita el recuerdo, ahora, de manera acompañada, sostenida y cuidada.
Ese cuerpo de registros sensoriales fragmentados y desarticulados, necesita la ternura de otro que le de sostén y delimitación. Entonces pareciera que se trata de delimitar un tiempo, que lo pasado se vuelva pasado, que no se repita una y otra vez. Y con ello, poder construir las posibilidades de un futuro.
Desde el Tsunami al reconstruir: reflexiones sobre lo traumático
El trauma es una vivencia que aplasta y excede la posibilidad que tiene nuestra mente y cuerpo para protegerse, representando una profunda intrusión en quienes somos.